A los pies de la mañana...

Cuando llega la mañana  a los pies
el viento parece que roza la cara,
abrir los ojos
nubes dibujadas en la ventana.

En el recodo de la huella
las primeras palabras nacen como semillas,
un tibio balbuceo de la locura
despierta a un ejercito de almas dormidas.

En plena calle
la comparsa muda ya no desconcierta con su perorata,
una mañana más
para todos los cualquiera que dan vueltas sin saber por qué.

Mirar, sonreír, seguir. 
Ser de lo que buscan y no esperan
aunque ese viaje
sea en los oscuros paisajes de nuestro interior.


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