Puñales.

Robo la paciencia de la gota,
con ese instante proyectó un camino,
entre arboles
el parque discute verborragia.
El cielo era un general anclado en el olvido,
el aire un perdigón escupido por el modernismo.
Las hojas estaban escritas,
quizás el néctar era la baba que dejaba una estrella.
En sus brazos blandían las angustias
en sus dientes el miedo,
en la punta de sus dedos yace entrelazada
esa manía de andar en do por las calles.
Levantar la vista,
ver como la naturaleza pasea de la mano por boulevard,
dormir entre las algas
soñar que la memoria da caricias,
o puñales por la espalda.



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