Ficción...
El pardo brote de la mañana,
la luz difusa
que todavía conserva la noche para mentirnos.
Esa voz gritando desde el infinito.
Nos hace reír la inocencia,
esa brava congruencia de dientes afilados.
Nos hace llorar la impotencia
del ovillo malvado que se deshace en la boca.
Somos un puñado,
mortales en la puerta del misterio pidiendo eternidad.
Las hojas rebeldes de la primavera
aplauden en la tierra el paso del hombre.
La mayoría
asiste a la independencia del momento,
sin percatarse,
sin pestañear.
Casi todos olvidan
que el alma camina desnuda
mientras cae de costado,
como una lluvia perezosa
esa ficción llamada utopía.
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