Mil veces...
Era un sueño como tantos otros,
una soledad bañada de ecos,
un aplauso en un lugar cerrado,
un dolor curado en los brazos del tiempo.
Un beso,
estallaron las estrellas.
Una caricia,
las lágrimas fueron de alegría.
La vida no se detiene,
es una roca peregrina y presumida;
su piel la cubre el recuerdo
hoy sus ojos brillan en mis ojos.
Cada mortal carga con su cruz,
silencio de sal en el mar dulce.
Opta mil veces por una soledad insoportable,
no por unos brazos que no desean contenerte.
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