Y...
Y el frío cortaba las palabras,
pero no frenaba los corazones.
Y la canción sonaba con firmeza,
las estrellas golpeaban con frescura las promesas.
Setenta golpes al tambor de la nostalgia,
y un acorde bendecido nació de un parlante cualquiera.
El pelotón de lejos con sus cuerdas desafinadas,
no rozaban el eco de un ángel con brazos de barro.
Hay un instante discreto
donde el silencio y la palabra paran a tomar aire.
Nadie puede ojear la belleza
si se detiene en el horizonte.
La noche vomita un arcoiris
y la resaca es un vendaval perpetuo.
El deseo pide compasión
a una cordura cansada de decir lo mismo.
Pero resiste,
sin pie en la ola de la vida.
Y todo lo que una vez quiso
se transformó en lo que puede ser.
Alguna vez el silencio dormirá abrazado a la locura,
desnudos,
extenuados de hacer el amor
buscando una cadencia oportuna e infinita.
pero no frenaba los corazones.
Y la canción sonaba con firmeza,
las estrellas golpeaban con frescura las promesas.
Setenta golpes al tambor de la nostalgia,
y un acorde bendecido nació de un parlante cualquiera.
El pelotón de lejos con sus cuerdas desafinadas,
no rozaban el eco de un ángel con brazos de barro.
Hay un instante discreto
donde el silencio y la palabra paran a tomar aire.
Nadie puede ojear la belleza
si se detiene en el horizonte.
La noche vomita un arcoiris
y la resaca es un vendaval perpetuo.
El deseo pide compasión
a una cordura cansada de decir lo mismo.
Pero resiste,
sin pie en la ola de la vida.
Y todo lo que una vez quiso
se transformó en lo que puede ser.
Alguna vez el silencio dormirá abrazado a la locura,
desnudos,
extenuados de hacer el amor
buscando una cadencia oportuna e infinita.
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