Manecillas
Era un beso en un adiós
al que se le pudrieron sus alas,
no tenía deseos de levantarse esa mañana
para ver como el jardín era cubierto de rosas muertas.
Desde la cama
olía el perfume estridente de la calle,
odiaba en lo que se convirtió,
una moneda oxidada al cual se le veía una cara.
Era la escasez de la realidad
o cerrar los párpados.
La música asomó de nuevo,
encontró la costa después de una tormenta impecable.
Sin fin de aventuras, a una altura increíble,
estrellas canjeando colores,
cielos asilados por mares.
El juego continúa.
Las manecillas marcan el rumbo...
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