La última tarde...

A través del mañana
la última tarde iluminó el templo rancio,
por osadía, a la pizca de una flor
que deseaba morir ahogada en un río.

Concierto de océanos,
cielo inerte de aves,
un viento enjaulando voces,
juego mordaz del tiempo.

Con la caricia de una mano fría,
consagró la sordidez humana.
Era tan parcamente obsesivo
con las páginas lucientes del alma.

Nunca se dio cuenta,
ni tuvo reparos
cuando la tarde cierra los ojos
es cuando los sueños empuñan su espada.


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