El poeta, su poesía.

Era al doblar la calle, 
la ciudad que no duerme,
las pupilas grandes,
había que encontrarla...

Chocó contra alguien, 
levantó la vista, quedó perplejo.
Cinismo mudo en un mundo parlante.
Eternidades que fallecen en el instante.

El reloj marcaba, es cierto,
pero un tiempo en el destiempo.
Las muecas fueron vedadas,
batallaban con todas sus fuerzas sin mover un dedo.

Agachó la cabeza, caminó unos pasos, 
soltó la carcajada.
Mientras se perdía en su mundo
el poeta sufrió el embate de la poesía.


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