El Edén y su Libertad.
Cuidado con pisar las flores,
tener el esmero suficiente
para no rozar el tronco de un árbol,
ni siquiera sus ramas.
Mirar al cielo con respeto
no quejarse cuando aparece una nube,
caminar meticulosamente en el cemento
para no dejar rastros de nuestros pasos.
Ser como el viento
que no se ve, pero se siente.
Nuestra premisa no es dañar,
es aprovechar la circunstancia de estar.
Dejar actuar al silencio,
abandonar las agujas del reloj,
el Edén merece toda la libertad;
vale la pena el sacrificio.
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