Somos luchadores.

Ni pobres, ni ricos.
Ni de clase baja, media o alta.
Ni buenos ni malos,
somos luchadores.

Desde el primer pestañeo
vivimos en guerra contra nosotros mismos,
luchamos contra un sistema
enfrentándolo con nuestras armas.

No tenemos poder,
somos un poder en si mismo.
No queremos territorios,
tampoco arcas llenas de oro.

La satisfacción personal
es cerrar los ojos cada noche
y descubrir en algún sueño
que hemos vencido.

Ni bastardos, ni ángeles.
No tenemos religión,
nuestro dios es el alma
enfrentándose a la indiferencia.

Lloramos, reímos,
nos emborrachamos con utopías.
Nadie hablará de nosotros,
somos los hijos no deseados del viento.

Ni resignados,
ni rebeldes.
Ni majestuosos,
ni modestos.

Carecemos de estilo
frente al estilo mismo,
no tenemos títulos, ni coronas.
Somos luchadores.




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