Estrellas.
Las cadenas del infierno se arrastran en una canción,
el mismísimo azul de un altar sin flores llega hasta su niñez,
mientras el ladrón
huye despavorido al norte.
-Sálvame-, grita una voz sin dueño,
mientras el futuro se revuelca en la nieve
y sin piedad gobierna la mañana,
cascadas de vino salen de su boca.
Los llanuras se secaron,
las promesas murieron en la tranquilidad del océano
un sufrimiento silencioso para el ave de rapiña
que se quedó sin alma para comer.
Aún sin saber por qué el interior resucita siempre,
al jardín le queda una semilla,
lejos del tiempo medido por el hombre
cerca del camino señalado por las estrellas.
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