A un niño de la calle.
Así te veo.
Solo.
Solo para todo,
sin rumbo, perdido
la brújula se oxido antes de tiempo.
Los ojos brillosos se partieron en mil pedazos,
cada cristal vislumbra la peor imagen de sí mismo.
No llores niño, no mires al cielo
tus sueños aún descansan en alas de acero.
Quisiera abrazarte,
pero tu miedo no me deja hacerlo,
crecer te hace fuerte
aunque la soledad te gobierne en medio de tanta gente.
Quisiera que sonrías a pesar de las heridas,
toma un ladrillo para escribir en la calle tu propio cuento
verás que la lluvia no borrará tus letras,
la palabra tiene mas valor y más,
si te nace de adentro.
Escapa del mundo a través de tus sueños,
desconfía de la mueca, del aplauso
cuando crezcas encontrarás un abrazo,
y será eterno.
La vida te otorgó un hogar maquiavelico,
las reglas confusas del sistema encierran fantasías,
las tuyas, las mías...
A pesar de todo tengo fe
uno de los dos podrá vencer sus temores,
uno de los dos gritará y se escuchará en todos los rincones;
quién sabe, tal vez en nuestra propia oscuridad
podamos encontrar el camino,
solo necesitas el eterno resplandor de una utopía
a la que le puedes poner cualquier nombre.
Solo.
Solo para todo,
sin rumbo, perdido
la brújula se oxido antes de tiempo.
Los ojos brillosos se partieron en mil pedazos,
cada cristal vislumbra la peor imagen de sí mismo.
No llores niño, no mires al cielo
tus sueños aún descansan en alas de acero.
Quisiera abrazarte,
pero tu miedo no me deja hacerlo,
crecer te hace fuerte
aunque la soledad te gobierne en medio de tanta gente.
Quisiera que sonrías a pesar de las heridas,
toma un ladrillo para escribir en la calle tu propio cuento
verás que la lluvia no borrará tus letras,
la palabra tiene mas valor y más,
si te nace de adentro.
Escapa del mundo a través de tus sueños,
desconfía de la mueca, del aplauso
cuando crezcas encontrarás un abrazo,
y será eterno.
La vida te otorgó un hogar maquiavelico,
las reglas confusas del sistema encierran fantasías,
las tuyas, las mías...
A pesar de todo tengo fe
uno de los dos podrá vencer sus temores,
uno de los dos gritará y se escuchará en todos los rincones;
quién sabe, tal vez en nuestra propia oscuridad
podamos encontrar el camino,
solo necesitas el eterno resplandor de una utopía
a la que le puedes poner cualquier nombre.
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