Una hormiga.
Una hormiga teje la mañana
en la parte mas extinta de la calle,
la silueta de los coches pintan el alba
algunas tímidas almas caminan, sin saber por qué.
Casas bañadas de sombras,
inconcebibles mentiras sostienen el estandarte
la bandera renunció a flamear
para perderse en las estrellas.
En la plaza murmura el coraje en las alas de una paloma,
su ser descansa en la rama mas añeja del árbol
sin temor mira la fuente,
tal vez quisiera fundir su pasión con el agua.
Somos unos desagradecidos,
unos burlones del infinito,
tenemos la gracia de nacer de nuevo todos los días
somos la tinta seca de una utopía que todavía nos espera.
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