La flor y el hombre...
Nació al lado de la desesperanza,
las luces bordearon su infancia
la tierra misma era su casa,
simuló con lágrimas la lluvia.
Concebido por obra y gracia de la naturaleza,
soportó en el suelo los embates del viento
ese compadrón inflado por los demonios
no logró nunca que mirara al cielo.
La bestia, con su disfraz de carne
encantó a todos,
arrasó la guarida con soez verborragia,
violó los pétalos con su fuerza bruta.
No quedó ni el silencio ni el recuerdo,
yacen en el fondo recorridas por la caballería de hierro,
todos siguen su curso
nadie piensa en la flor que ha muerto.
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