Herejía.
Mis delfines llegaron a tu mar embravecido,
tus rugidos hasta los pasadizos secretos del alma,
era tu ropa o el olvido
era el amor o la nada misma...
Casi sin poder respirar
la locura dijo adiós,
la soledad mordió la piel del encanto,
reír y llorar formaron parte de la misma prosa.
Por instantes el cielo se volvió firmamento,
por horas el firmamento brilló en las estrellas,
el concierto de besos siguió a la herejía, dormimos
pero nuestros cuerpos seguían danzando.
Nos sentimos en paz,
al alba le siguió como siempre la rutina
ella por su lado, yo por el mío
fuimos dos cuerpos que se animaron a transpirar sus fracasos.
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