Uno se cansa...

Uno se cansa; se cansa de sonreírle a personas que ni saben quién sos.  Estas harto de mostrar los dientes,  agachar la cabeza. Te preguntas a vos mismo,  a veces en voz alta:
¿Esto soy yo? Vale la pena sonreír?
Y por qué no? Qué lo impide?
Uno se cansa, los sabios hablan por todos lados, seguro que no agarraron una pala.
Sarmiento escribió que las ideas no se matan, lo que muere es el alma, las ideas son tan aturdidas que día tras día lloran en un rincón asqueada de las versiones y sus relatos.
La herida no cierra, la boca tampoco, el futuro es ahora y el ahora ya pasó.
Quiero ser egoísta, pensar en mi alma, el aura se apaga nadie hace nada, pareciera que el sistema esconde los focos y la pieza está cada vez más a oscuras.
No soy el botón de la camisa ni la camisa, cuando mas tiran del brazo mas terco me pongo, no es que sea rebelde ando con ganas de caminar por lugares intransitables.
Por qué la obligación a pensar como el otro y no pensar con el otro? Por qué esa necesidad imperiosa de prevalecer sobre quién en definitiva nos puede ayudar a ser mejor persona. 
Yo paso, me tomaré un whisky bajo las estrellas, este mundo no invita a ser mejor ni a discutir ideas. 
Invita a bajar la ventana, escuchar música hasta llegar al éxtasis que ninguna discusión puede dar.
Estoy cansado, muy cansado. El círculo se cierra cada vez más, y las personas a las que uno puede abrazar son cada vez menos. 
Quisiera creer que hay algo más, no se... A veces no hay nada, lo único que perdura es la conciencia como dice Benedetti, a ella tengo que rendirle cuenta todos los días.
Mi conciencia me dice que siga caminando, lejos de las voces, cerca de las estrellas o volando por las nubes...



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