Veintidós...
Veintidós de presión obligaron a Ezequiel a tomarse vacaciones, debía alejarse de la rutina por lo menos quince días.
Su vida era tan lineal como la de la ruta que transitaba, su médico no le recomendó la playa;sino el sur, árboles, lagos, algún que otro pájaro.
Ofuscado, casi renegado el joven de treinta y cinco años fue.
Al poner un pie en el colectivo casi tira todo por la borda, pero recordó que la autorización para volver la iba a tener quince días después.
Tenía dinero para ir y volver en avión, pero le temía a las alturas, casi tanto como a la gente. El viaje duró veintidós horas, insoportable manera de empezar las vacaciones. Por suerte pudo sentarse solo, pero las viejas chismosas de adelante, no pararon de hablar en todo el viaje, costó conciliar el sueño, pudo hacerlo solo cuando faltaron tres horas para llegar.
Al fin la terminal, el delirio de gente hizo que Ezequiel desapareciera rápidamente y se fuera al hotel. El tramite fue rápido, por que la reserva telefónica la hizo el día después del suceso.
"Ya está", dijo para sus adentros, ahora a disfrutar de las vacaciones. Paseo por el centro de Bariloche, fue hasta el lago Nahuel Huapi, esquió aunque no le quedó un buen recuerdo, dos veces se cayó en la nieve y el dolor parecía que iba a ser eterno.
El accidente lo tuvo dos días encerrado en su habitación, cuando pudo volver a salir decidió que la mejor manera era ir algún boliche. Si sus amigos, va conocidos, supieran que fue un boliche pararían la ciudad para ir a verlo, o lo publicarían en algún periódico virtual.
Ezequiel escapó de todas las fotos posibles, en vez de hablar con alguna señorita, se preocupó por alejarse de la gente.
El sonido de la música retumbaba en su cabeza, se mezclaba con el dolor de la caída, decidió ir afuera, al llegar a la puerta descubrió que eran las siete de la mañana, mucha gente entraba, muy pocos salían.
Cuando logró superar la manada de gente supo que lo suyo no era la discoteca, a lo sumo un bar con algún vaso de whisky... Eso era lo suyo, saborear al máximo con toda la pausa posible un buen trago de esa bebida que era como sangre para sus venas.
El recuerdo lo llevó a un bar a dos cuadras, "Estrella Fugaz".
No había demasiada gente, algunos lo miraron cuatro segundos para volver a su charla. La moza vino una vez, no trajo carta, ni buenas intenciones, Ezequiel pidió de mala gana lo que quería, al regresar la joven depositó con mucha vehemencia un vaso con Vintage Balblair 1975.
Un Whisky era para disfrutar, pero tenía tantas ganas de irse que en tres sorbos lo bebió, fue hasta la barra, pagó y se fue.
Recordó que el hotel estaba a dos cuadras, soñaba con acostarse y despertar ya en su ciudad, las vacaciones no eran para el.
La puerta no abría fácilmente, por lo que tuvo que llamar al encargado, tres veces tocó el timbre, nunca vino.
Espero un par de minutos, hasta que en la esquina vio a una joven que doblaba jugando con un par de llaves en sus manos. Estaba borracha, se percató de Ezequiel solo cuando lo chocó.
-Parece que alguien se quedó sin llave", dijo la joven con varias pausas.
-Si, respondió secamente, el joven...
-No sos de hablar mucho parece, vení que te abro así pasas.
-Gracias, no sabes las ganas de dormir que tengo.
-Yo también, pero acompañada.
El silencio se hizo presente hasta que Ezequiel habló con una pequeña sonrisa, la joven vestida con jeans y remera negra entró tomada de su mano, al llegar a la puerta de la habitación 1822 lo besó hasta dejarlo sin aliento.
Entraron a la habitación al tirarse en la cama ambos ya estaban desnudos, ellos hicieron lo que tenían que hacer, la mañana ni siquiera los molestó con un rayo de luz , los acompañó con un cielo gris, espiándolos masturbándose con gotas de pasión que chocaban contra la calle.
Era de noche, durmió demasiadas horas, Ezequiel despertó desnudo, la joven ya no estaba quiso recordar algo, pero al observar unas cuántas botellas de cervezas desparramadas por la pieza, cayó en la conclusión que no recordaría nada.
"Fue una buena mañana", pensó.
Acomodó la habitación, mitad por meticuloso y la otra para ver si podía encontrar algo que lo llevara a esa hermosa morocha con la que pasó las primeras horas del lunes, nunca pudo encontrar nada, ni siquiera una gota de sudor para tener de pista.
Cuando terminó de acomodar todo, agarró su pantalón su billetera estaba desordenada, una duda lo invadió hasta bien entrada la madrugada: habrá sido la joven que se llevó el dinero que le quedaba? O gastó demasiado en bebidas?
El griterío infernal de unos egresados cortaron el silencio, fue solo por un instante volvió al misterio de una mañana sin igual; solo le quedaban veintidós pesos en la billetera y ocho días más en Bariloche...
Su vida era tan lineal como la de la ruta que transitaba, su médico no le recomendó la playa;sino el sur, árboles, lagos, algún que otro pájaro.
Ofuscado, casi renegado el joven de treinta y cinco años fue.
Al poner un pie en el colectivo casi tira todo por la borda, pero recordó que la autorización para volver la iba a tener quince días después.
Tenía dinero para ir y volver en avión, pero le temía a las alturas, casi tanto como a la gente. El viaje duró veintidós horas, insoportable manera de empezar las vacaciones. Por suerte pudo sentarse solo, pero las viejas chismosas de adelante, no pararon de hablar en todo el viaje, costó conciliar el sueño, pudo hacerlo solo cuando faltaron tres horas para llegar.
Al fin la terminal, el delirio de gente hizo que Ezequiel desapareciera rápidamente y se fuera al hotel. El tramite fue rápido, por que la reserva telefónica la hizo el día después del suceso.
"Ya está", dijo para sus adentros, ahora a disfrutar de las vacaciones. Paseo por el centro de Bariloche, fue hasta el lago Nahuel Huapi, esquió aunque no le quedó un buen recuerdo, dos veces se cayó en la nieve y el dolor parecía que iba a ser eterno.
El accidente lo tuvo dos días encerrado en su habitación, cuando pudo volver a salir decidió que la mejor manera era ir algún boliche. Si sus amigos, va conocidos, supieran que fue un boliche pararían la ciudad para ir a verlo, o lo publicarían en algún periódico virtual.
Ezequiel escapó de todas las fotos posibles, en vez de hablar con alguna señorita, se preocupó por alejarse de la gente.
El sonido de la música retumbaba en su cabeza, se mezclaba con el dolor de la caída, decidió ir afuera, al llegar a la puerta descubrió que eran las siete de la mañana, mucha gente entraba, muy pocos salían.
Cuando logró superar la manada de gente supo que lo suyo no era la discoteca, a lo sumo un bar con algún vaso de whisky... Eso era lo suyo, saborear al máximo con toda la pausa posible un buen trago de esa bebida que era como sangre para sus venas.
El recuerdo lo llevó a un bar a dos cuadras, "Estrella Fugaz".
No había demasiada gente, algunos lo miraron cuatro segundos para volver a su charla. La moza vino una vez, no trajo carta, ni buenas intenciones, Ezequiel pidió de mala gana lo que quería, al regresar la joven depositó con mucha vehemencia un vaso con Vintage Balblair 1975.
Un Whisky era para disfrutar, pero tenía tantas ganas de irse que en tres sorbos lo bebió, fue hasta la barra, pagó y se fue.
Recordó que el hotel estaba a dos cuadras, soñaba con acostarse y despertar ya en su ciudad, las vacaciones no eran para el.
La puerta no abría fácilmente, por lo que tuvo que llamar al encargado, tres veces tocó el timbre, nunca vino.
Espero un par de minutos, hasta que en la esquina vio a una joven que doblaba jugando con un par de llaves en sus manos. Estaba borracha, se percató de Ezequiel solo cuando lo chocó.
-Parece que alguien se quedó sin llave", dijo la joven con varias pausas.
-Si, respondió secamente, el joven...
-No sos de hablar mucho parece, vení que te abro así pasas.
-Gracias, no sabes las ganas de dormir que tengo.
-Yo también, pero acompañada.
El silencio se hizo presente hasta que Ezequiel habló con una pequeña sonrisa, la joven vestida con jeans y remera negra entró tomada de su mano, al llegar a la puerta de la habitación 1822 lo besó hasta dejarlo sin aliento.
Entraron a la habitación al tirarse en la cama ambos ya estaban desnudos, ellos hicieron lo que tenían que hacer, la mañana ni siquiera los molestó con un rayo de luz , los acompañó con un cielo gris, espiándolos masturbándose con gotas de pasión que chocaban contra la calle.
Era de noche, durmió demasiadas horas, Ezequiel despertó desnudo, la joven ya no estaba quiso recordar algo, pero al observar unas cuántas botellas de cervezas desparramadas por la pieza, cayó en la conclusión que no recordaría nada.
"Fue una buena mañana", pensó.
Acomodó la habitación, mitad por meticuloso y la otra para ver si podía encontrar algo que lo llevara a esa hermosa morocha con la que pasó las primeras horas del lunes, nunca pudo encontrar nada, ni siquiera una gota de sudor para tener de pista.
Cuando terminó de acomodar todo, agarró su pantalón su billetera estaba desordenada, una duda lo invadió hasta bien entrada la madrugada: habrá sido la joven que se llevó el dinero que le quedaba? O gastó demasiado en bebidas?
El griterío infernal de unos egresados cortaron el silencio, fue solo por un instante volvió al misterio de una mañana sin igual; solo le quedaban veintidós pesos en la billetera y ocho días más en Bariloche...
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