De otro planeta...


Me saqué con un pañuelo de papel lo que pensé que era el último moco, pero atrás de eso vino un río de sangre que era imposible para con el pulgar. Fuí al baño, cerré la puerta y después de cinco minutos que parecían cinco horas, salí de el.
La noche tejía en el cielo un juego hermoso de estrellas, nunca brillaron tanto como ese día. Desde la ventana el cielo lució tan encantador...
Eran las seis y media de la tarde, Micaela no venía la esperaba con ansias aunque en el fondo las estrellas dominaban mis sentidos.
La puerta sonó cuando la abrí Micaela me recriminó por que tardé tanto, recuerdo que se quedó callada cuando le dije que siempre era yo el que la esperaba y que era la última vez que trabajaríamos juntos.
No toleraba la impuntualidad, la detestaba antes, también ahora.
Igual a esa hora, ya no importaba la morocha de rostro claro, pelo hasta la cintura y dueña de un cuerpo que despertaba mas de un suspiro a mis compañeros de trabajo.
Ella se puso a mi lado y a los dos nos hipnotizaron las estrellas. Cuando giré la cabeza, una lágrima caía de su rostro. Recuerdo por que la seguí, nació de su ojo derecho y murió en la baldoza cerca de la puerta. Es más recuerdo que había una mosca que estaba muerta, pero la lágrima no la alcanzó.
-Qué te pasa, le pregunté?
Tardó cincuenta y cinco segundos en responder, lo recuerdo también, soy demasiado meticuloso para algunas cosas como se darán cuenta.
Cuando lo hizo dijo: " Mi abuela dijo que siempre que mirara las estrellas y estás brillaran mas de lo oportuno, ahí estaba la gente que uno quería"...
-Qué lindo lo que dijiste.
Ella no reparó en mi ironía, sin embargo siguió con su relato, breve fue eso sí, solo agregó después para terminar con una risa:
-Recuerdo que la abuela creía que la tierra estaba infectadas de marcianos y que muchos seres humanos eran en realidad seres de otro planeta, creo que era Saturno.
-Tu abuela estaba loca no?
-No lo sé, lo único que recuerdo era eso, mamá la internó en distintos geriátricos y siempre la expulsaban por que decía que a la noche emitía unos sonidos extraños que inquietaban a los otros moradores,y al terminar suspiró profundamente.
Pasó un Ford Falcon gris Modelo 76, lo veíamos los dos desde la ventana, acto seguido desistimos de las estrellas y nos pusimos a trabajar.
Tardamos treinta y siete minutos en hacer un trabajo, mas la media hora tarde que llegó la señorita, nos perdimos bastante tiempo.
Se lo dije, no le gustó nada, me dijo en la cara que era un obsesivo compulsivo y que me faltaba sexo.
Puede ser, pensé para mis adentros, aún hoy recuerdo su aliento con sabor a menta.
Cerré la puerta a las 20:01, ella vivía a la vuelta del trabajo, aún así llegaba tarde.
La acompañé en el camino no hablamos nada, eran 49, 5 metros, no había mucho que decir.
Desde que Micaela se despidió con un beso en mi mejilla derecha, tardé cuarenta y cinco minutos en llegar a casa. Nunca pensé que un beso de unos labios partidos por el frío podrían chocarme tanto. Sin embargo lo hicieron.
Al otro día me levanté a las 5:29, era la hora predilecta para hacerlo, sábados y domingos a la misma hora, nunca alteré la rutina.
Recuerdo que en esa mañana no se podía ver nada, de vez en cuando tanteaba la pared para no perder el rumbo.
Ese día tardé mas, cinco minutos más.  Recuerdo que me cargó por la supuesta impuntualidad, dejé el saco en el perchero, sacudí mi camisa, fui hasta el baño para acomodarme la corbata.
Cuando salí Alberto me esperaba con un mate, ese día se lo acepté, pero solo tomaba en casa y con edulcorante, ese era amargo pelaba la lengua.
Hablamos de la jornada y le dije que iba hacer con el caso "Micaela".
Con una risa que copó toda la oficina dijo:
-No sabías nada, ayer a las doce me llamó la madre, me dijo que se volvió loca, se paraba en la cama y empezaba hacer sonidos como queriendo comunicarse con alguien. Já... No lo puedo creer, no le dije nada pero cuando se le calmen las aguas a la vieja le voy a decir que su nena no sirve, que no venga mas.
Acto seguido, Alberto se fue a su oficina, yo me acerqué la ventana y me quedé pensando, en Micaela en lo que me dijo de su abuela. Tal vez su abuela no estaba loca, quizás solo quería comunicarse con ella, o las dos estaban locas.
Puede ser, pensé antes de beber el último trago de agua mineral de la botella que dejé en la heladera la noche anterior.
Fuí hasta mi oficina me senté en la pc, casi apoyando los dedos en el teclado pensé en ella por última vez, quizás era una marciana y no la había entendido.
Sacudí la cabeza, empecé a escribir el Memorándum que Alberto me pidió para una empresa electrónica China, eran las seis con cuarenta y nueve de la mañana, el día iba ser largo, muy largo de verdad.

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