El Profesor Vicente Scarlatta.

Era el mejor, pero rebelde.Defendía causas perdidas y casi siempre lo terminaban corriendo de los colegios por llevar la contra.
Vicente Scarlatta era Licenciado en Letras. Gozaba de un buen sueldo siendo corrector del diario La Verdad, pero asqueado con sus idas y vueltas, prefirió la docencia, ahí encontró su razón de ser y al amor de su vida, Belén Ramirez.
Docente de Matemáticas, alta, con las medidas justas para llamar la atención, sobresalía el cabello que llegaba hasta debajo de su cintura. Coincidieron justo en una clase por que a los dos les habían dado el mismo horario.
El flechazo fue único, anticiparon al propio cupido, al poco tiempo estaban juntos.
Todo lo hicieron juntos, parecían un alma que solo se separaba a la hora de ir a trabajar. 
La realidad en los años 70, los hizo escapar a Europa, se metieron en la bohemia del viejo continente con la promesa de volver a su patria. La dictadura militar los perseguía por ser Comunistas, lo declararon abiertamente, y abiertamente fueron perseguidos hasta que tuvieron que irse para sobrevivir.
Las noticias que llegaban como puntazos a su propia alma, "se murió Alberto, era uno de los nuestros", le decía Belén, Vicente quería volver a combatirlos desde el discurso, pero su amor lo detenía. Cuando acariciaba su rostro sobraban las palabras, "ya vamos a volver" parecía decir en esa caricia.
Los años fueron pasando, llegó la Democracia, sobre sus espaldas cargaban con 35 años cada uno, un mundo que construir y una educación a la que se debía aportar.
Los jóvenes aplaudían sus clases, lo adoraban al profesor pero, a sus pares y directivos les incomodaba las ideas que les presentaba a los chicos. 
Vicente nunca hablaba de imponer, el Maestro hablaba de contar y mostrar, opinar y decir, eso molestaba a los que marchaban por la vida con el viejo concepto de la comunicación lineal, el famoso "Yo digo, vos tenés que aceptar".
Los años fueron pasando, nunca quiso casarse, tampoco pudieron tener hijos. Vicente en un estudio comprobó que el 80% de su esperma era inservible, la noticia fue como un puñal al centro del alma, para él y para su mujer que lejos de dejarlo estuvo con él hasta el último instante de su vida. 
Hace dos meses que Belén había muerto de cáncer, los recuerdos se le aparecían borrosos al ya casi sexagenario Maestro, permaneció mucho tiempo encerrado, hasta que salió a ser lo único que lo mantenía en pie, la Docencia.
La escuela estaba ubicada en la periferia de la ciudad, la mala fama hacía que el colectivo lo dejara a diez cuadras, la gente era prejuzgada antes de hablar, no tenían posibilidades de obtener algún trabajo, todo parecía estar vedado para esa porción de la ciudad.
Todos los años se recibían treinta alumnos. En realidad empezaban cincuenta o algunos más, pero se recibían treinta, casi el noventa por ciento no seguía ningún estudio terciario o universitario y apelaban a ganarse la vida con algún trabajo que a duras penas les permitía llegar a fin de mes, estaban los que caían preso o morían en una guardia del hospital por sobredosis de droga.
Pocos, muy pocos progresaban y si así era aprovechaban la vida para mudarse a otra parte de la ciudad.
La vida nunca fue justa, el sistema lejos de incluir, elimina posibilidades para aquellos que merecen una oportunidad.
Vicente sabía esto, el mundo está en contra de los que no pertenecen a un status social determinado, lucho toda su vida contra eso.
El primer día que entró al colegio notó las paredes escritas, gastadas, las aulas estaban deterioradas, la calefacción no funcionaba en invierno, los ventiladores en los techos de las aulas estaban de adorno.
-Sexto año, el último, le quedan dos meses de clase, sino se involucra demasiado va terminar bien.- Le contaba la Directora del Colegio, mientras una mueca irónica esbozaba hacia la derecha se burlaba del profesor.
Al entrar al aula, notó que los chicos estaban quietos, será el primer día pensó para sus adentros. 
Después de una presentación la directora se retiró del salón. Cerró la puerta tan fuerte que hizo mella en los oídos de todos, Vicente sintió que la mujer quería escapar de una prisión.
Miró sus rostros, algunos avejentados otros cansados y agotados. Mirada perdida en la mayoría, eso lo amargó, no concebía que los jóvenes estuvieran perdido, sin saber a dónde ir.
Pasó un par de minutos, los alumnos empezaban a moverse en sus pupitres como esperando una pregunta, saludo o presentación.
Tosió, dos veces fue al pizarrón, escribió su nombre, al darse vuelta habló
-"Conozco la realidad, la vivo todos los días, este no es un mundo bueno, mas bien es despiadado, tan despiadado que se empecina en mostrarnos todos los días lo bueno que cree ser. No incluye, separa y en el medio del mar están ustedes, sigan nadando no se cansen nunca, puede que todo parezca nada, pero a lo lejos se nos aparece una luz, y esa es la orilla a la que debemos llegar. Luchen, por siempre y para siempre, ese es su destino. Muestren compasión en un mundo que exhibe  maldad, sueñen, en definitiva los sueños mas tontos pueden ser parte de la realidad."
Por un momento los alumnos quedaron inmóviles, nadie les hablaba de esa manera, muchos se sentaban y dejaban pasar las horas por que no veía nada bueno en ellos.
La clase empezó con la presentación de todos los alumnos, algunos incluso se animaron a contarle cosas que ni en su casa hablarían. Otros hablaron del olvidado del barrio. 
Sonó el timbre, final de la clase, los iba a ver el viernes que viene hasta fin de año, los saludó y le dio la tarea, cada uno saludó al profesor con un reconfortante " Chau Profe".
Estaba feliz, se lo iba a contar a Belén, pero cuando abría la puerta, estaba solo tan solo que ni siquiera el recuerdo venía hacerle compañía.
Se sumergía en la cama, en los sueños rara vez aparecía su mujer para decirle que no era la hora que faltaba un poco más para volver a estar juntos.
Las clases iban en progreso, los alumnos no solo se soltaban más, sino que empezaban a mejorar en todas las materias. Sus pares nunca le agradecieron, en la única reunión de profesores les reprochó el poco involucramiento con los chicos, y eso le hizo ganar mala fama.
El año escolar se terminaba, la última clase consistió en un examen que debía corregir para entregar entre semana.
Juan era el último siempre, pero en esa prueba fue el primero en terminar, miraba la ventana y una lágrima se escapó, Vicente no entendía la causa, se prometió así mismo hablar con el chico, pero cuando sonó el timbre varios se le abalanzaron para saludarlo y entregarle la prueba que se le perdió. 
Al salir del salón lo buscó por todos lados hasta que se dio por vencido y emprendió el camino a casa.
Un griterío venía desde la esquina del colegio, un joven forcejeaba con una persona más grande, el robusto la dominó y pudo tirarla al suelo, comenzó a pegarle que al tercer golpe el joven dejó de moverse.
Maestros, padres miraban desde lejos ninguno se molestaba en llamar a la policía, tampoco a separar; todos miraban ese macabro momento.
Vicente corrió a separar, pudo sacar al robusto y observar que Juan estaba con la cara ensangrentada y moviendo su cabeza.
-Quién carajo sos, que querés con el pibe, le dijo con la voz entrecortada Vicente.
-El pibe no es bueno para hacer negocios, ademas soy su padre y hago lo que quiero, para algo le di la vida, va no se para qué sino sirve para nada.- No era tan alto, pero con solo mirar su cuerpo cualquiera podría darse cuenta que sabía pelear.
-Dejalo tranquilo, andate... Vicente estaba nervioso, nunca se trenzó con otra persona, máxime con alguien que se le acercaba con un cuchillo en la mano dispuesto a metérselo hasta el alma.
Sintió el pinchazo como si fuera de una aguja, posteriormente como si el estómago le explotara, el dolor fue fuerte desde el principio, no pudo reaccionar. Cayó lentamente en el suelo agarrándose el estómago. 
En el suelo, pudo divisar la cara del hombre, y nada más. La ante última frase antes de perder la vista fue: "Acá no hay lugar para los débiles, es la ley del más fuerte".
Nadie iba en su ayuda  como si las calles se silenciaran y cada uno mirara detrás de la ventana, pensaba que alguno iba a socorrerlo, pero pasaban los minutos, nadie llegaba. La vista se le nublaba , empezaba a perder la razón retorciéndose en el piso, un ruido parecido al de una sirena de la ambulancia lo tranquilizó, al mismo tiempo Belén acariciaba su rostro mostrando tranquilidad en el dolor,  como todas las veces siempre que todo parecía  nada para el Profesor Vicente Scarlatta.



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