Utopías de un hombre descalzo
Es otro día, el paraíso sonríe con ganas la escarcha aún persiste en la acera, el hombre que pedía clemencia está de pie.
Cuántas grietas dejó la noche, no importa; el bastardo aún puede mostrar los dientes a quién lo enfrenta con una espada.
Lo que importa no es cuántas puñaladas te da la vida, la utopía es tener los ojos bien abiertos
para ver donde el sol alumbra cada mañana.
Pensar que lloraba sin piedad cuando la sangre pedía correr por sus venas, jamás había soñado con la libertad hasta que un día pudo romper sus cadenas.
Es otro día, el incesante desfile de coches ni siquiera sacude su mirada, el show llegó a su fin
cuando el olvido lamió la última huella que pudo encontrar en la calle.
Demasiados sueños truncados, demasiadas voces gobernaban su paciencia.
Nada se supo de él, escapó a la libertad dejando a su paso cada eslabón de una cadena oxidada.
Al olvido se lo ve siempre, cada amanecer en el mas absoluto silencio se puede escuchar como grita su nombre en el medio de la jungla.
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