No lo ve nadie.

Nadie va preguntar por el
vendrá cuantas veces quiera,
te sonreirá a la cara,
nadie se dará cuenta que estuvo
presente en cuerpo y alma.

No habrá razones para extrañarlo
tampoco existirá esa rara sensación del pecho
avisando que algo va a pasar.
Cuando nadie lo vea de nuevo
se irá silbando por lo bajo su desencanto.

El viento ni siquiera pasará por su cara;
el reloj renunció a mover las agujas de su viejo reloj,
dejó de mirar al cielo
no cree en sí mismo.

Ninguno se fija en su infierno,
ni la miseria se detiene
en el insomnio que sacude su espalda.
Se cansó de esperar un guiño del cielo
fue a resucitar a otra parte,
vomita las migajas de dios
y eso, no lo ve nadie.




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