Siesta...
Un poco de todo,
de nada al mismo tiempo
un ojo extraviado
una barba de diez días
desazón que transita
cada parte de la casa.
La puerta del alma
sigue sin poder abrirse,
el corazón teje su siesta
en el pasto quemado
al costado de la calle.
Las venas se hinchan
las luces se apagan
el tiempo no tiene paz con los perdedores.
A veces la ciudad
emborracha con sus luces,
a veces asusta cuando está a oscuras.
Quizás sea mejor desatar la locura
que pararse frente a un espejo
a ver como se le escapan las escamas
a la tarde.
Hay un mundo afuera que pide carne,
hay una soledad dispuesta a enfrentarlo.
de nada al mismo tiempo
un ojo extraviado
una barba de diez días
desazón que transita
cada parte de la casa.
La puerta del alma
sigue sin poder abrirse,
el corazón teje su siesta
en el pasto quemado
al costado de la calle.
Las venas se hinchan
las luces se apagan
el tiempo no tiene paz con los perdedores.
A veces la ciudad
emborracha con sus luces,
a veces asusta cuando está a oscuras.
Quizás sea mejor desatar la locura
que pararse frente a un espejo
a ver como se le escapan las escamas
a la tarde.
Hay un mundo afuera que pide carne,
hay una soledad dispuesta a enfrentarlo.
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