Nada que reclamar...
La mañana despierta
riega con niebla la ciudad,
la vieja canción suena en la radio
ánimo que pende de un hilo,
el ayer es la resaca
que nuestras uñas pudieron
arrancarle a los recuerdos.
En la aventura
algunos murmuros
inician el viaje hacia el destino
al que nunca les gustaría llegar.
El borracho con su boca abierta
espera algún rayo de sol,
a sus pies viene a morir la última hoja
de la primavera,
un pestañeo de la honestidad
y el mundo
se viste a la moda
para la salvación de unos pocos.
La melancolía engaña
cuando la noche no está,
a veces las lágrimas
descansan en la puerta
para que luego sean pisoteadas
por la rutina.
No,
no es piedad lo que uno pide
es un lunes como cualquier otro
al que nada se le puede reclamar.
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