Una llamada...

Era verano, el sol quemaba todo a su paso, hasta la esperanza de encontrar un poco de sombra.
La luz estaba cortada, recordé que mi hermano le cambió el agua a la pelopincho y estaría bastante fresca a pesar de los 34ºC.
Hice dos cuadras cuando recordé que había olvidado la llave de su casa; el seguro no estaba y siempre, me la entregaba para que chusmee ese departamento de dos ambientes, con un pequeño patio en la que cabía la pileta y dos macetas en las que plantó  semillas de tomate, a las que nunca se les veía una hoja.
Cuando doblé de vuelta en la esquina para volver al trabajo, vi a una chica parada en la puerta.
Cada vez que me acercaba su figura iba haciéndose más grande para mí.
Anteojos de sol pelo castaño enrulado, su frente daba contra mi boca.
Cuando la miré detenidamente observé sus labios carnosos, su remera blanca y su jeans bien pegado al cuerpo.
Creo que por mis anteojos, no podía ver lo que miraban mis ojos.
-Busco a Fernando Negro, dijo secamente.
-Soy yo, respondí entrecortado.
Se sacó los anteojos me estudió fijamente por diez segundos, esos ojos color café querían arrancarme los pulmones para tirarlos a la vereda.
-Vos sos el pelotudo que llamó a Movistar por un problema en tu celular, tiró con rabia.
No recordé nada, hasta el momento que me quiso levantar una mano.
-Pero espera loca!,sí.. está bien, llamé sí, pero no puede ser que me estafen como lo hacen, pago el plan más caro y me brindan un servicio de mierda, exclamé. Vamos a pasar adentro de mi trabajo que hay sombra, te doy un poco de agua debes tener una sed bárbara, agregué.
Entré lo más rápido que pude, dejé un foco encendido para cuando volviera la luz, lo miré pero no volvió.
Fui a buscar al baño un vaso con agua, cuando volví pensé que se había ido hasta llegué a pensar que era un sueño, pero ahí estaba, agitada por la discusión.
Le entregué el vaso con agua, lo tomó de una. Le dije que se sentara, ella accedió y nos pusimos frente a frente en el hall.
-Qué haces acá? Dije como sorprendido por la situación.
-Después de que me echaron, por esa boludez que hiciste, pensé mucho en vos. Está difícil para encontrar un laburo- Se llevó su mano derecha para secar sus párpados- venía bien, respondía con creces a lo que me pedían, media hora antes de que vos te comunicaras firmé un contrato en el cual me ascendían, por ende más plata entendés?- dijo eso haciendo una mueca con sus labios hacia la izquierda-
-Si, claro que te entiendo….- Hice el silencio, acompañado de las manos abiertas como señal que uno envía a una persona que no conoce para saber como se llama-.
-Daiana, dijo secamente.
-Eso fue hace dos meses, por qué esperaste tanto para venir?
Me observo con tanto asco que nunca noté y recibí tanto odio en mi vida.
Miró para abajo y dijo: “quería el aumento por que me iba a casar con mi novio. Estaba enamorada, aún lo estoy, pero después de que me echaran no encontré trabajo. Me invadió la ira y vine a ver quien carajo me arruinó la vida. Todo se complicó, el me dejó- Volvió a mirarme con desprecio- En fin no quiero hablar más del tema.
Me sentía vacío, impotente. Si bien no tenía nada que ver directamente, que carajo iba saber que una calentura le iba costar el laburo a esta chica. Me sentía mal.
Cuando hizo un ademán para irse, la tomé del brazo.
-Perdóname, que se yo… Lo hice sin saber, pero como querías que supiera todo lo que me contás-Hice un silencio de casi un minuto- Bajemos los ataques te invito a tomar algo, vos lo necesitas, yo lo necesito.
-Tenes razón, yo estaba obsesionada con este pibe, no tenés nada que ver, pero estoy perdiendo el tren si querés acompañarme no tengo drama.
Fuimos derecho por la calle Necochea hasta la Avenida Alem, sin decirnos una sola palabra. Cuando doblamos hacia la izquierda,  fijamos rumbo a la Estación de Trenes, encontré un Kiosco le compré una botella de gaseosa, buscaba redimirme de una cagada de proporciones universales que no sabía que me había mandado.
El tren se retrasaba, suerte para mí.
-A que te dedicas Fernando?
-Soy periodista, trabajo en una radio, como se cortó la luz y no vuelve hasta la noche decidí que quería pasar la tarde en una pelopincho.
-Ja!, pelopincho no me vendría nada mal, hace un calor de locos.
-Si es cierto, cosas de locos, si querés te invito, todavía no inauguré la temporada oficial.
Primero movía la cabeza, luego se echó a reír, hasta que el sonido del tren anunciaba un último llamado para ir a Merlo.
Podes creer que con todo el ruido que hace no lo escuché llegar, me quedé fascinado con Daiana, preocupado con su historia.
-Chau Fernando, el tren se va, te pido mil disculpas, la verdad que me volví loca con todo esto.
-El amor enloquece, dije queriéndome hacer el sabio.
-Puede ser, enloquece y enceguece. Chau…
Juró que no me puedo quitar la sensación de ese beso en el costado izquierdo de la cara. Le pedí el  número de teléfono, le pregunté cómo buscarla en facebook, no me contestó mas que: “dejalo así, no tiene sentido”…
Jamás la volví a ver. De vez en cuando paso por la estación y me acuerdo, las veces que la busqué y nunca la pude encontrar. Incluso hace poco tuve un problema con una boleta que pagué atrasada, llamé con la ilusión de que le habían devuelto su trabajo, pero no era ella. Su tonada Cordobesa derribó la última ilusión que tenía para encontrarla.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Vas a volar?

A Francia.

Esquirla de un caído!