Una buena batalla...
Gritó tanto su desencanto
que le cerraron las puertas,
no tenía donde dormir.
Nadie
quería venderle un pedazo de pan
no tuvo que comer.
Cuando llovía
abría la boca para beber
lo que el cielo le ofrecía,
a veces no alcanzaba.
Se arrastraba por la calle,
su piel dejaba gotas de sangre,
lo miraban por unos segundos,
al rato lo ignoraban.
-¿Cómo hizo para vivir?
-Siguió como pudo,
hasta que el alma dijo basta.
-Nunca renunció a gritar su rebeldía?
-Jamás.
Lo perdió todo,
murió con una sonrisa,
satisfecho de haber dado
una buena batalla.
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