Mandale saludos...

Venía por la calle más solitaria de todas, la más oscura, la que más árboles tiene en fin, la más sucia.
Cabeza baja como siempre, no importaba si el mundo venía de frente, conocía cada baldosa de ese lugar.
Hace un año, transitando esa vena que no tiene sangre, sentí un golpe muy fuerte, como si fuera una pared, cuando levanté la cabeza ahí lo ví. Pantalón de vestir, camisa a rayas azules, sucia como su cara, barba de meses. 
El hombre era flaco, pero lo sentí como si pesara cien kilos.
Supuse que iba a decir perdón o un derechazo al mentón, pero en vez de eso hizo un ademán al bolsillo izquierdo de su camisa y sacó una tarjeta.
Adalberto Ramirez, Abogado, Contador, Cortador de pasto y sobre todo amigo de Dios.
-Qué se supone que es esto?
-Mi presentación, sepa disculparme soy muy despistado.
-Todo esto es usted, o hay que adivinar, respondí.
-Soy todo eso y mucho más, hablaba al mismo tiempo que movía su mano izquierda en donde llevaba una botella de vino. Soy abogado por que Papá lo quiso, contador por Mamá cortador de pasto para involucrarme con la naturaleza.
-Le faltó algo, dije. Amigo de Dios?
-Ah, sí soy amigo de Dios, pero últimamente no hablamos mucho. Hace meses que vengo a esta cuadra pero no aparece. No sé que pensar.
Cuando iba a seguir camino me frenó con su mano derecha:
-Ruego que me disculpe, no era mi intensión, se agarraba de mi brazo para no caer.
-No tiene por qué, al fin y al cabo no lo hizo a propósito.
-Le puedo pedir un favor, Adalberto abría mucho la boca para hablar, el olor que tenía era insoportable, si lo ve le dice que lo ando buscando?
Reí para mis adentros, tanto que casi se me escapa una carcajada, le iba a decir que  no me interesa para nada. Pero era tarde y no quería quedar mal con el borracho.
-Quédese tranquilo buen hombre, tengo su tarjeta, si lo veo le digo. Ahora usted me hace un favor?
-Sí respondió, el amigo.
-Si lo llega a ver antes que yo, dígale que le mando saludos si?
-Será un placer,respondió.
Empezó a caminar, dejaba surcos en la vereda del vaivén que hacía. Casi voy a buscarlo y a llevarlo al hospital, pero me arrepentí.
Hice veinte metros, reía en voz alta; iba a darme vuelta por última vez, pero no lo hice.
"Si lo ves mandale saludos, le dije", sacudí la cabeza y dí vuelta la esquina, pensando si alguna vez me había pasado alguna cosa así.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Vas a volar?

A Francia.

Esquirla de un caído!