Enero...

Me levanté atravesado.
Vomito
las piedras de un miércoles,
busco los zapatos
para bailar en la calle.
Sociego andar en la mañana
el mundo dejó de interesarme
con sus bemoles,
los ángeles dejan sus lágrimas 
marcadas
para que no me olvide 
que una vez,
alguien me dio sus alas.
La ciudad ronca,
algunos tímidos
encienden la radio
nada nuevo bajo el sol.
La sombra huye temerosa,
un sorbo de café
para que quemé las entrañas
antes de salir a buscar
al espíritu
que tiene la manía
de escaparse de los sueños 
todas las noches.




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