Condenados...
Si supieras
cuánto le duele al sol
no poder besar a la luna,
tenerla un solo segundo al frente
no poder decirle nada,
mirarla un instante
perderla en un pestañeo.
Y tiene que volver a empezar,
la noche es el silencio
la mañana es el eco
el atardecer es el grito
que se rompe en el cielo.
Aún así brilla
tan fuerte
que quiere ver donde
duerme su alma,
todos los días el mismo rito
para acostarse con la desazón
de sentir que la vida
no les da tiempo para sentirse.
Condenados.
Ellos están presos,
un caprichoso universo
les regala una ilusión mezquina,
para odiar, para amar
para nunca poder olvidar...
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