Sin pena...
En este cambalache
canto sin pena
pero también sin gloria,
la luz del fósforo
se apaga
como la ilusión
en la esquina del bar
donde siempre
se habla de muerte.
Al alma la hieren
los pétalos negros
de la flor
que nunca se fue.
El adiós está tan lejos
que no lo alcanza
ni la voz.
La locura golpea
contra la mesa de un bar
una sola vez
la música late al compás
de esos ojos tristes
que no se van de la cabeza.
Séptimo whisky,
la mente
te fue a buscar
el cuerpo no existe
si alguién lo busca
que persiga al alma;
un ángel se apiadó
besó su herida,
eso basta
para abrazar la locura...
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