No me acostumbro a perder.

Nací de las entrañas del olvido
de las cenizas olvidadas de la tierra
soy un suspiro del viento
el eco del grito 
que una vez hizo el hombre.
Hecho de carne blanda
de suspiros desmedidos
de lágrimas que no cesan
de postales que fracasan 
en los versos.
Vengo de la calle
mas alejada de la utopía
esa  que tiene venas
pero no sangre,
ese lugar que respira
envenena los pulmones.
Camino dos pasos
caigo,
me levanto diez más atrás.
Soy la letanía
de dios,
el fracaso del diablo,
el pétalo marchito
de la flor 
que no tocó el amor.

Aun así,
al perder todos los días
como pierde la luna
al no ver la mueca del sol,
soy un ser humano
poco sensible a la barbarie,
aunque lo imposible
suene en mi cabeza
todavía
no me acostumbro a perder.

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