Historias. En el sonido del viento...

El despertador sonó tan fuerte que se escuchó como un disparo.
Eran las cinco de la mañana de un salto se levantó para ponerse el pantalón, la camisa, los zapatos, ir al baño, tomar algo y zambullirse en la calle para ir a trabajar.
El café le quemó el esófago, se tocaba el pecho mas de la cuenta, a las dos cuadras se le calmó.
Nunca se dormía, y siempre se levantaba temprano, pero la noche anterior no podía dormir.
Entraba a las seis a la fábrica, hacia la parte administrativa de una Empresa dedicada a la elaboración de motos.
Desde su casa eran 25 cuadras que Facundo hacía metódicamente todos los días,siempre por el mismo lugar.
Esta vez eligió ahorrar cuadras, conocía lo que hacía. A las 5:58 puso un pie en la fábrica, marcó tarjeta y fue a la oficina.
Al doblar el pasillo del segundo piso con llave en mano se dio cuenta que la puerta estaba entreabierta.
Se desesperó, los últimos metros los hizo corriendo. Cuando entró vio papeles tirados por todos lados, los cajones desordenados y la caja de seguridad en la que tenía sesenta mil pesos estaba vacía.
Rápidamente conectó como pudo el teléfono llamó a seguridad, sonó al menos 34 veces, nadie atendió.
Se sentó, pensó en el desorden que había, en quién se llevó la plata y como iba hacer para explicar que faltaba dinero.
Facundo era el hombre de confianza, en el descansaba el dueño de la empresa.
Empezó a llorar, llamó de vuelta probó otras tantas veces, estaba solo. 
La desesperación lo llevó a bajar las escaleras e ir a donde estaba el sereno del lugar, la puerta estaba abierta, el sereno había desaparecido.
Eran las seis y media, en poco más de cincuenta minutos, iban a empezar a caer los empleados, también tenían que venir las explicaciones.
Al momento de volver a su oficina pensó en llamar a la policía, y si bien no tuvo nada que ver, pensaba para sus adentros "como mierda explicó que desapareció la guita"
La puerta estaba cerrada en éste caso, tuvo que empujar para abrirla; al hacerlo encontró a su jefe sentado en esa silla.
-Señor, que hace acá, vengo a llamar a la policía, se llevaron la guita, decía con voz entrecortada Facundo.
Guillermo lo miró detenidamente, con esa mirada paternal como siempre lo hacía: "La obsesión te lleva a cometer errores, hoy es sábado, no tenías nada que hacer acá".
Abrió su celular y en la pantalla aparecía, además de la hora la fecha. Efectivamente era sábado.
-Señor que pasa acá, por qué pasó esto, preguntó Facundo.
-Vos conoces esta actividad, pero el juego trae problemas sabes  Aposté mucha guita, demasiada, maldito sea el juego que me lleva hacer esto.
Sacó un arma 9mm y se la mostró estaba temblando y casi llorando, "perdona vos no tenías que estar acá, te tengo que matar".
El primer disparo llegó antes de que Facundo pudiera sorprenderse, cayó rendido al piso adornado de papeles.
Guillermo llamó al sereno que estaba a pocos metros del lugar, lo hizo desde la mesa de entrada.
Él y el hombre bajo de estatura, subieron nuevamente a la oficina,al doblar hacia el lugar notaron mirando al piso que un par de gotas de sangre iban hacia una puerta que abriéndola llevaba a una escalera por lo cual se llegaba al estacionamiento.
Bajaron, pero no pudieron encontrar nada.
Lo insólito que tampoco hallaron la continuidad de la mancha de sangre.
Buscaron por todos lados, diez, quince cuadras a la redonda, incluso fueron hasta la casa de Facundo  pero no encontraron nada.
Eran las siete y media de la mañana, el único que estaba un sábado era el sereno por lo que volvieron al lugar y lo limpiaron, asegurándose que si alguien venía no iban a encontrar nada.
Guillermo se puso a pensar donde podría estar y en lo que podía generarle si éste abría la boca, y de acuerdo a como era, sabía que la iba abrir.
Fue hasta su casa, hizo un llamado telefónico y le prometió que el dinero se lo iba a dar en una semana " Te pido una semana, nada más, tengo que acomodar algo y te llevo la plata"
Cuando cortó sintió el alivio y se desplomó sobre el sillón del hall, durmió tanto que se olvidó de lo que pasó.
Al despertarse, volvieron los problemas, Facundo estaba sin aparecer.
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La bala había rosado la parte izquierda , justo debajo del brazo a la altura de la tetilla, el dolor era fuerte, incluso se sorprendió por la poca sangre que perdía.
Cuando fue al estacionamiento descubrió que la puerta estaba sin llave, por lo que pudo escapar enseguida.
El dolor era agudo, a las dos cuadras tuvo que parar.
El sonido de un auto lo estremeció a tal punto que quiso correr, pero estaba demasiado cerca. Al doblar, una mujer lo vio sobre la vereda y frenó, bajó del auto.
-Qué te pasó?
-Sacame de acá, le dijo Facundo.
-Te voy a llevar al hospital, soy enfermera, justo salía de mi trabajo.
Lo ayudó entrar al vehículo, le cerró la puerta y fue al lado izquierdo del auto para conducir.
-Estoy bien, solo es un raspón nada más, no me lleves al hospital, vamos a un hotel a las afueras de una ciudad.
-Raspón?, dijo la mujer. El olor a pólvora es que tuviste jugando a que eras cañita voladora en pleno agosto no? 
Irónica, la mujer le levantó la camisa y enseguida adivinó que una bala lo había rosado.
-Vamos a la policía.
- No por favor, fui a trabajar a la empresa de motos por acá y mi jefe me disparó, es un jugador, yo no lo sabía, nunca termino de saberlo todo. Vivo pensando en mi trabajo, tanto que me confundí que era viernes, cuando es sábado. Al llegar al lugar encontré todo revuelto, avise al sereno, no estaba, al volver estaba mi jefe que me pegó un disparo, cuando se fue a buscar ayuda para llevar "el cuerpo", me levanté y escapé.
-No debés tener mucha vida social vos, para no saber que tu jefe es un jugador que vendió hasta la esposa una noche por que perdió con las cartas.
Llegó a la esquina, cuando el semáforo se puso en verde, tenía dos opciones la izquierda, el hospital, la policía y seguramente las preguntas. A la derecha el hotel, la ruta, un mundo nuevo que creía que había perdido desde que su esposo murió en un accidente.
Miró a su acompañante,el semáforo estaba en verde. 
"Qué sea lo que dios quiera", dijo la mujer y dobló a la derecha.
El hotel quedaba a diez kilómetros en las afueras de la ciudad, el frente estaba marcado por plantas de Eucaliptus,  lo que hacía dificultoso que se pudiera ver al pasar por la ruta, lugar para los deseos del inconsciente o el escape de la muerte.
En la recepción siempre atendía Miguel, Alto, morocho y de barba,  era simple el lugar, barra de madera, dos cuadros, uno de Maradona levantando la copa en el 86, y el otro de Carlos Gardel, unos papeles, dos o tres cuadernos, y música de los ochenta de fondo.
]No hablaba demasiado, pero miró atentamente a Facundo y a su acompañante que se había puesto una campera lo suficientemente larga para que no se le notará el traje de enfermera, aunque Miguel lo notó. "Nada raro, un tipo y una mina vestida de enfermera, alguna fantasía irán hacer estos dos", pensó para sus adentros.
-Cuánto sale?, preguntó la enfermera.
-Depende. El día 350 pesos. El turno 180.
-Tomamos el día, Facundo sacó plata de su bolsillo y pagó al mismo tiempo que se quejaba por la herida.
-Pasen por la habitación diez, segundo piso.
-Ok le respondió la enfermera y ambos se fueron hacia las escaleras, llegaron a su habitación, abrieron la puerta y se encontraron con una cama matrimonial, una mesa de luz a la izquierda cerca de la ventana tapada por una cortina bordó.
-Sacate la camisa dejame ver, dijo la enfermera.
Observó que era solo un raspón y que estaba sanando afortunadamente, fue al baño, tomó abundante papel higiénico  llenó el vaso de agua que estaba en la mesa adelante de la cama, mojó la herida y le pasó el papel por arriba.
Miró detenidamente durante al menos dos minutos. Facundo la miraba de reojo mientras estaba sentado en la cama. 
-Paso tanto y ni siquiera sé tu nombre.
-Cora, dijo secamente, al mismo tiempo agregó, la bala rozó muy poco tu cuerpo, afortunadamente no perdiste mucha sangre. Acostate, yo me voy, hice lo que tenía que hacer.
-Cómo que te vas? Y la herida?
- Deberías ir a un hospital para hacerte las curaciones, te sugiero que descanses, y que cuando estés mejor vayas a una farmacia a comprarte gasas y alcohol  yo en este caso ni a dos cuadras me acerco con vos. Además tengo que ir a trabajar a la noche, es la última antes de mis vacaciones.
Facundo miró con resignación el suelo, cuando levantó el rostro vio a una mujer cansada,  piel blanca, ojos marrones, de mediana estatura, el pelo lacio le llegaba hasta la cintura, y si bien la indumentaria de Cora no hacía notar las facciones de su cuerpo, ese rostro le llamó la atención.
-Gracias, dijo el empleado de la fábrica. Me llamo Facundo.
Antes de cerrar la puerta, giró por sobre su espalda y dijo:
-Andate lejos, cuando estés mejor. Este tipo es cosa seria. No entiendo como vos siendo su empleado no sabías de estas cosas. Es vox Populi en la ciudad.
-No soy muy sociable, iba y hacía mi trabajo, no tengo amigos, prefiero aislarme del mundo más de la cuenta.Es dañino por eso de casa al trabajo y viceversa. Nunca supe que mi jefe era jugador, la puta madre ni siquiera puedo acordarme  como era el rostro de mis compañeros de trabajo, yo solo iba a trabajar, ni siquiera a las despedidas de año iba.
-Suerte.
Cora cerró la puerta antes que Facundo pudiera decir algo más.
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Desnuda sentada sobre su cama después de bañarse, miró el porta-retrato que la tenía junto a su esposo, recordaba que después de sacarse esa foto a su esposo lo había picado un mosquito y se pasó con la roncha sobre la nariz festejando toda la noche. Lo estrujó contra sus senos, instantes después volvió a la vida real, su mente se trasladó un mes y medio atrás, cuando llegó a su casa y encontró al exitoso médico con su hermana Daniela. Los dos en la cama, ella había salido un rato antes de su trabajo, nunca jamás pensó que iba a pasar eso a dos semanas de casarse.
La ira la invadió y se fue de su casa.
En su trabajo  días después se enteró que el Doctor Ramiro Uriarte había tenido un accidente en Bahía Blanca cuando volvía de sus "vacaciones". Su mundo nuevamente se le vino abajo, el único hombre de su vida se había acostado con su hermana y ahora murió en un accidente.
Miró el cuadro nuevamente y lo tiró contra la pared, el vidrio bordeaba el rostro de ella. Cora se acostó, ni siquiera limpió lo que hizo. Antes de dormir la última imagen que se le cruzo fue la de aquel treintón sin vida, lleno de granos de pelo corto, de su herida y en que tal vez debió haberse quedado con él.
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Guillermo estaba desesperado, no lo encontraba por ningún lado a Facundo.
Lo bueno es que como pasaba tan desapercibido, nadie le preguntaba por él en la fábrica, pero sabía que iba aparecer, " El boludo va aparecer", hablaba por lo bajo cuando se aseguraba que nadie lo escuchaba.
Una noche, se metió en el hospital de la ciudad para husmear si alguien había visto algo. Tenía sus contactos por lo que sabía que no iba a levantar sospechas.
Aunque cuando le consultó al guardia, a la enfermera que parecía estar lejos se le cayeron los instrumentos cuando escuchó" si lo ves decime, tengo que darle algo".
Guillermo y el guardia la miraron, pero no hicieron mas caso que ese, verla como levantaba las cosas que se le habían caído.
Pasó semana y media, ni noticias del hecho.
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Arrañaba las paredes, pero le daba miedo salir. Arregló con Miguel por un mes, justo tenía la tarjeta y éste le traía algo de comida. 
Insólito, Miguel no preguntaba más de la cuenta. "Eso es alentador", pensaba Facundo.
Como estaría Cora,la pregunta era tibia al principio pero más frecuente con el paso de las horas. "Habrá hablado" decía mientras caminaba de lado a lado la habitación. A los pocos segundos desechó esa hipótesis ya que pasó una semana y media, no ha sucedido nada.
 En la Tv, todo era igual, muerte, farándula, deportes, deportes disfrazado de farándula y la política. Nada le interesaba mas, en esa semana y pico que llevaba en el hotel que alguna película policial de los año noventa que enganchaba en TCM.
Eran las siete de la mañana, cuando despertó. Descubrió que dejó el TV encendido lo apagó y se acostó de vuelta.
"De alguna manera hay que arreglar esto", volvió a dormirse.
Eran las tres de la tarde, cuando escuchó como golpeaban la puerta. Se levantó raudamente.
Fue hacia la puerta, sintió que tocaron otra vez más.
Se armó de valor, presumió que iban a tirar la puerta abajo, por lo que retrocedió y cerca de la ventana pregunto:
-Quién es.
-Cora...
Una sensación de alivio invadió su interior. Fue hasta la puerta abrió. Facundo sintió el olor a Shampoo cuando pasó por su lado, era la primera vez que respiraba con ganas.
-Tu jefe estuvo hoy en el hospital, preguntando por vos. Todavía estás acá?
-No te fuiste de vacaciones?
- Si un par de días a la costa, pero volví.
No lo dejó hablar y enseguida agregó: - Mirá no se que hago acá con vos, pero sentí la necesidad de venir. Mi vida sino fuera por mi trabajo sería un asco.
Cora se largó a llorar, Facundo la abrazó  tiernamente que la enfermera sintió después de mucho tiempo el alivio en los brazos de un hombre.
Mientras se secaba las lágrimas lo miró fijamente, ese muchacho escondía un cofre de ternuras en sus brazos y lo abrió para ella, en ese hotel alejado de la ciudad. Ese hombre al que buscaban para matarlo.
Cuando pudo hablar, después de unos minutos Cora lo volvió a mirar y le dijo:
-Qué pensás hacer Facundo. Debo estar loca, pero mi corazón me dice que tengo que quedarme con vos, pase lo que pase.
El Joven dejo de verla, se dirigió a la ventana y quedó en silencio mirando por la ventana.
El sol golpeaba contra el techo del auto de la enfermera, los eucaliptus silbaban acompañando la tarde. A lo lejos, se escuchaba el sonido de autos, camiones, pero eso no importaba.
Facundo dio vuelta, miró a esa mujer que estaba a su lado, como ninguna otra persona. La miró con esos ojos de un primer amor. Fue hacia ella, la abrazó, Cora aceptó en silencio.
- Voy a enfrentar a Guillermo, o lo mato yo o el a mí.
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Facundo estaba mirando televisión, se quedó observando un documental de la Segunda Guerra Mundial en Discovery, Cora lo miraba. Los dos sentados en la cama, comieron cada uno se había bañado. Ese olor  a pelo mojado lo volvía loco. 
Cora lo notaba nervioso, no era por todo lo que había pasado, era por que estaba ella y no lo incomodaba, sino que entendió que no estaba acostumbrado a estar con una mujer. 
Ella seguía sintiendo ese abrazo, incluso por que no, se armaba de valentía para pedirle otro.
Apagó el Televisor, cuando miró a su derecha ahí la vio  todavía tenía el pelo mojado. Vestía una remera y un pantalón. Tenía el pelo suelto, con su mano derecha Cora se lo corrió y Facundo notó que estaba colorada y miraba para abajo.
-Tengo que confesarte algo. Ella lo miró, nunca estuve con una mujer.
Cora lo miró, apoyó la cabeza contra el respaldo y se echó a reír.
Ofuscado el hombre se dio vuelta y miró la ventana.
La mujer se quedó callada por unos minutos, empezó acercarse y a recorrer con su mano izquierda.
El se dio vuelta y la miró.
-Nunca estuviste con una mujer, que raro.
-Nunca. Siempre les tuve miedo, como a todo el mundo.
Cora sonrío, y esa sonrisa fue para el joven lo mas maravilloso que había visto del mundo.
Cerro sus ojos al tiempo que sus labios eran rozados por lo de ella. Al abrirlos, la enfermera ya estaba arriba. El la empezó a tocar con sus manos, su espalda, la cola.  Con precisión la puso abajo, le metió su mano por debajo de la remera, era la primera vez que tocaba un seno le pareció un hermoso espectáculo  de la naturaleza humana. 
El se incorporó de la cama para bajarse los pantalones, sacarse la camisa al mismo tiempo que ella frente a frente se sacaba la ropa.
Se besaron nuevamente, ella lo llevaba a la cama nuevamente.
-Vení le dijo suavemente.
El se subió a la cama, mientras las estrellas brillaban mas de la cuenta, en esa noche, los gritos adornaron el ruido tibio del viento; poco importó que lo estén buscando, el por primera vez hacía el amor y no le importaba nada. 
Tampoco a Cora, extasiada por la presencia de ese hombre se dejó llevar, las sabanas fueron testigos del sudor y mientras ella dormía en su pecho y él miraba por la ventana.
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El sol comenzaba a salir, facundo miró ese espectáculo maravilloso mientras se vestía.
Cora seguía durmiendo. No escuchó el sonido del cajón abriéndose, el papel que sacó el trazo de la lapicera que acompañaba  a su respiración.
Al terminar de escribir, dobló el papel, y lo dejó arriba de la mesa de luz. Se acercó a la cama y la besó ella se movió pero no se despertó. 
Se quedó mirandola por unos cuantos minutos. Ella se movía pero no se despertaba.
Cuando cerró la puerta pensó que el ruido la despertaría, al avanzar unos pasos se dio cuenta que no.
Miguel no estaba, menos mal, no quería explicar por que se iba. Con las llaves del auto de su amor fue hacia el auto, abandonó el hotel y volvió a la ciudad.
Pasaron tres semanas después del hecho. Era sábado, cuando se aproximaba a la empresa sintió esos mismos miedos que aquella vez, pero siguió.
"El o yo", decía en voz alta aferrándose al volante.
Llego al estacionamiento, le pareció extraño pero estaba abierta la puerta, cuando entró a la fábrica, no notó que el auto de su jefe estaba.
Pasó por la cocina, había justo un cuchillo lo tomó. Fue sigilosamente hasta su oficina, la puerta estaba abierta, no había nadie. 
Se sentó a esperar. Espero durante una hora y media al menos hasta que empezó a sentir unos pasos junto a unas voces, se colocó detrás de la puerta, cuando esta se abrió Guillermo entraba apuradamente, Facundo lo clavó por la espalda.
El grito se escuchó. 
- Eras vos o yo Hijo de puta, mi vida di por esta empresa y vos me quisiste matar, por una deuda de juego.
Boca abajo, Guillermo empezó a darse vuelta, lo miró, no podía hablar de dolor hasta que pudo ponerse boca arriba. Respiraba con dificultad, con los ojos vidriosos antes de morir
miro a su empleado y le dijo:
-Nunca vas a entender la vida, por que nunca tuviste una vida.
Guillermo cesó de respirar.
-Está arriba, arriba!.
Los serenos del lugar habían visto todo desde abajo, cuando llegaron a la oficina vieron el cuerpo del jefe tendido en el suelo y de rodillas a Facundo.
-Vos acá hijo de puta!.
El empleado no forcejeo, dejó que le quitaran el cuchillo fácilmente  su mirada estaba centrada en el cuerpo de su jefe.
Cuando sintió que la hoja del cuchillo lo penetraba a la altura de los pulmones, pensó en Cora por última vez.
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Se cumplieron seis meses de la muerte de Guillermo Salomé, dueño de la Fábrica de motos que daba empleo a muchos en la ciudad.
La justicia determinó que un empleado enojado por que no tenía el aumento que quería entró una mañana a la fabrica y en una lucha se hirieron  y murieron los dos.
Cora miraba con fastidio por internet como los medios digitales de la ciudad, exaltaban la figura de éste hombre. 
Desde hace una semana había partido a Mar Del Plata. Recorría todas las mañanas la playa, pensando en la locura que cometió Facundo y en cuanto lo extrañaba. Su abrazo bastaba para sobrevivir en el mundo.
Cuando volvió al Departamento fue a su habitación la carta permanecía ahí. Ella nunca la había podido leer enteramente, siempre se largaba a llorar. 
Se armó de valor, empezó a leer...
"Seguramente no estarás de acuerdo con lo que voy hacer. No te pido que me entiendas, simplemente lo tenía que hacer, si lees esto es por que estoy muerto. Así que te pido una cosa.
Sé feliz, como yo lo fui con vos en este poco tiempo. Muchos podrán decir que lo que nos pasó 
es una locura. Pero en la locura encuentro la razón para decirte que te amo con toda el alma.
Muchas cosas necesitan explicación, tus besos fueron lo que necesitaba para darme cuenta que tenía que enfrentarme a la vida, y a la  muerte.
Cuando camines por las calles, cuando salgas de tu trabajo, escuchame como te sigo a través del sonido del viento. Siempre quise ser el viento, para que nadie me viera, pero me sintiera.
Sé feliz, princesa, construye el mundo que quieras, esa sonrisa antes de dormirte en mi pecho, es todo lo que necesitas para seguir.
Qué raro, pensando en vos sin temor voy hacia la muerte...
PD: Te dejo la llaves de mi casa, debajo de la cama hay una caja. Ahorré unos pesos, los iba a usar... No me acuerdo para qué, usalos vos, andate de viaje, volvé cuando se haya calmado un poco las cosas.
Facundo....
Gracias por hacerme sentir tan especial.

Cora dobló la hoja, fue hacia la ventana. Afuera la ciudad hablaba, ella permanecía en silencio mirando el mundo, mientras acariciaba su panza y la veía como crecía.
-Le voy a poner Facundo dijo en voz alta, mientras se secaba una lágrima.



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