Somos los hijos de una violencia sin final, consumidores de la barbarie, fuimos engendrados para generar ganancias y regalárselas a un sistema infame. La religión en su estado máximo de prepotencia, la política mundial encerrada en el despotismo; a nadie le importa la muerte hasta que lo muestra la televisión. Locura. Desazón. La tristeza vuela por el mundo, solo será un día, dos o tres a nadie le importa que en la calle corra sangre. Los ideales fracasaron con el sistema, la libertad es un impuesto, la fraternidad un cuento y la justicia hoy solo es justa con los poderosos.
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