Como buen perdedor
Como un buen perdedor
me detengo
en el eco de un violín,
murmuro de una canción
que una vez habló de vos
pero también de mí,
de todas aquellas
noches
en las que con los dientes
arrancaba tu vestido
lo escupía
y de reojo
entre un mar de besos
veía como era devorado
por el viento.
Una
dos,
perdí la cuenta;
las lágrimas
no están hecha
para entender cuánto sufrí
pero señalan el camino
a la melancolía primaveral
que teje el atardecer
al final de un octubre tan desigual.
El mundo sigue
su espeluznante espectáculo,
ese de no sentir
ni tampoco ver,
como al árbol
se le van muriendo las ramas
estando de pie.
Nadie
ni siquiera vos
saben cuánto te amé
pero si cuánto lloré,
lo ve todas las tardes el sol
en aquel destello
que salpica la última lágrima
que la vida me vendió.
Como buen perdedor
dibujo un corazón en el aire,
al lado de la estrella que brilla más
pensando que puede aliviar
algo de éste dolor.
Lo creo,
tu silueta
devora mi mente,
se posa del otro lado de la ventana
pero luego se va.
Marca que no se va
tu nombre
se escribió con fuego en mi pecho
cuando supe que jamás serías para mí.
me detengo
en el eco de un violín,
murmuro de una canción
que una vez habló de vos
pero también de mí,
de todas aquellas
noches
en las que con los dientes
arrancaba tu vestido
lo escupía
y de reojo
entre un mar de besos
veía como era devorado
por el viento.
Una
dos,
perdí la cuenta;
las lágrimas
no están hecha
para entender cuánto sufrí
pero señalan el camino
a la melancolía primaveral
que teje el atardecer
al final de un octubre tan desigual.
El mundo sigue
su espeluznante espectáculo,
ese de no sentir
ni tampoco ver,
como al árbol
se le van muriendo las ramas
estando de pie.
Nadie
ni siquiera vos
saben cuánto te amé
pero si cuánto lloré,
lo ve todas las tardes el sol
en aquel destello
que salpica la última lágrima
que la vida me vendió.
Como buen perdedor
dibujo un corazón en el aire,
al lado de la estrella que brilla más
pensando que puede aliviar
algo de éste dolor.
Lo creo,
tu silueta
devora mi mente,
se posa del otro lado de la ventana
pero luego se va.
Marca que no se va
tu nombre
se escribió con fuego en mi pecho
cuando supe que jamás serías para mí.
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