Fantasmas...

Fantasmas.
Grises lineas de luz
se deslizan
por los brazos del árbol,
hasta quedarse inmóvil
en la melodía 
 con la que empieza la tormenta.
Los recuerdos mueren, 
todo lo que una vez fue
es una miscelánea 
de la pluma de dios: 
hiere, 
quema
 asusta a los ojos, 
sed de lágrimas...

Río que no llega,
las grietas se notan;
en cada parte hay una historia
que no tiene poesía.
Más abajo
la ausencia del verso 
parece infinita.

El último aliento
sirve para mirar al cielo, 
agachar la cabeza
e irse silbando debajo de la lluvia
esperando que llegue 
alguna vez al alma,
esa gota que tiempo nos niega.








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