Esa sonrisa....

Tomás golpeó la puerta, pero nadie abría. Cinco, diez, cincuenta veces, no alcanzaron ni siquiera, para despertar a los vecinos de la cuadra.
Tenia tanta soledad en ese jueves de enero, que el calor se le pegaba a la piel marcándola como la hamburguesa que coció a la plancha quince minutos antes. Se quedó sin agua, iba a pedir un poco de jugo aunque sea.
-¿A dónde se fue todo el mundo?, se preguntó a si mismo.
Alzo la vista, y en la esquina había un Peugot 207, con las puertas abiertas, corrió hasta el, solo encontró un par de bolsos.
Silencio, puro silencio.
Miró hacia la izquierda y divisó una larga filas de autos abandonados, bicicletas  camas, ropa, y más silencio.
Empezó a correr, tan fuerte que hizo las quince cuadras desde su casa al centro en muy poco tiempo. 
En el trote, puertas abiertas, desorden, su mente se centró en un solo objetivo, escapar de ese lugar.
La plaza del pueblo, estaba destrozada por donde se la mire, los vidrios de los negocios estaban rotos, el orden que el conocía, no existía más.
-Qué mierda pasó, no pude estar dormido tanto tiempo?
El misterio crecía, la angustia lo devoraba internamente. Era la primera vez en su vida que estaba solo, y era la primera vez que tenía miedo de verdad.
Se había separado de su familia hace ya mucho tiempo, un rapido duelo lo hizo entender que si su mundo había desaparecido, los que él  quería, también.
Observó la iglesia, pero sacó rápidamente su vista de la cruz que estaba en la punta del templo. 
Dobló la esquina, a media cuadra un supermercado saqueado, su pie tropezó con una lata de tomates, la levantó, miró la fecha de vencimiento y la dejó caer, para que sus oídos sientan por tan solo un momento, el ruido del metal contra el suelo.
Quiso entender por última vez que pasó, pero el sonido de una puerta avivó sus esperanzas, una  imagen fugaz corrió por su cabeza y recordó que en esa casa de dos pisos a la esquina del supermercado vivía José, un enfermo de las religiones, un setentón que conservaba aunque gris, su cabello hasta la nuca.
Una mueca apareció, cuando recordaba lo tosco que era para las conversaciones, solo con el José hablaba mas de la cuenta.
Primero apareció una mano, luego la otra, caminaba con dificultad. Tomás fué en su ayuda, pero se detuvo cuando vio unas ojeras negras, y la piel que se le salía de sus labios.
Empezó a retroceder, el corazón latía mas fuerte de lo que podía sentir, miró su ropa sucia, toda rota, vio tanto que terminó por espatarse con la herida que estaba en su brazo derecho.
-Dios mio, se le ve el hueso, tengo que salir de acá, no puede ser, gritó!
Se largó a llorar, al mismo tiempo que dejaba atrás a su amigo. 
-Zombies, que mierda pasó acá, yo solo quería suicidarme decentemente  tomé un par de pastillas, pero si no estoy muerto... Cómo carajos pasó esto.

Tomás se enteró que su mujer falleció en un accidente, estaba embarazada de seis meses. Obsesivo como siempre por el trabajo de contador y querer entregar todo a término, envío a su mujer a casa de su mamá, y le prometió ir el domingo, para pasar una semana de vacaciones.
Era de noche, llovía mas de la cuenta, sonó el teléfono, el Comisario Carlos Fernández le comunicó la noticia, en ese momento su vida se apagó.
Dejó de trabajar, malgastó sus ahorros en bebidas y en drogas, sus amigos no pudieron salvarlo, y al no poder se alejaron.
Esa misma angustia que tuvo aquella vez, volvió mientras corría nuevamente por las calles, respirando por la boca, ahogándose en lo que había vivido hace un rato. Un buen trecho recorrió hasta que tuvo que parar por que sentía como el abdomen era castigado con mil puntadas al mismo tiempo.
Se sentó en la ventana de una panadería, estaba muy cansado, la tarde moría con cada bocanada de aire que respiraba, quiso tranquilizarse.
Cuando pudo hacerlo, se dio cuenta que sus pies le sangraban, de su casa partió sin zapatillas, solo tenía puesto un jeans gastado, y una remera negra.
Cuando quiso observar la herida, el primer colmillo se le metió en la nuca, el brazo de una mujer totalmente morado lo abrazo debajo de los brazos y lo tiró al piso.
Instantes antes de perder la conciencia, vio como su novia, le indicaba el camino a casa con la sonrisa de aquella vez, cuando le anunció que estaba embarazada.
Instantes antes del último respiro pudo levantar un poco la cabeza del suelo, y vio como una pareja devoraban sus entrañas.


*Basado en la angustia que me produce la espera para ver THE WALKING DEAD(Cuarta Temporada)

Comentarios

Entradas populares de este blog

Vas a volar?

A Francia.

Esquirla de un caído!