Dónde está Félix.?
Cuando la luz de la pieza se encendió, la cabeza del hombre que estaba envuelta en un velo negro empezó a moverse de a poco.
Cuando se le descubrió el velo, rápidamente quitó su vista de la luz, y buscó refugió mirando hacía abajo.
Le dolían los ojos. Calculó que su pómulo derecho estaría hecho trizas, todo su lado derecho estaba inmóvil.
Antes de venir un golpe más, aguantó la respiración pero fue imposible soportar el golpe, atado a una silla de madera cayó al piso y empezó a llorar de dolor.
Veía poco, hace tres días que estaba encerrado. Dos veces por día tenía la sensación de que no estaba solo.
Una cuando le traían algo de comer y un vaso de agua, la otra y por la noche era para golpearlo y hacerle la misma pregunta:Dónde está Félix?
-Es imposible, no habla, es mudo. Si lo golpeamos más lo vamos a matar, y no vamos a saber donde carajo se fue tu primo con la plata.
-Qué hablé, es tu trabajo para eso te pago, sino sabemos donde está la plata, como carajo vamos a sostener el negocio, dijo El Jefe.
-Perdón señor, respondió un canoso de mediana estatura vestido de elegante sport, vamos a insistir.
-Insistir, no alcanza, él sabe donde mierda está Félix, si llegamos a él, llegamos al oro, entienden?
El canoso miró a su derecha, le bajó la cabeza a un hombre alto, relleno, vestido con ropa deportiva y ambos se fueron de la oficina.
Josue quedó solo, encendió el cigarrillo número 32 del día, se tiró al sillón y con su mano derecha tomó el whisky que previamente se había preparado, a la tercera pitada y al segundo sorbo, empezó a sentir miedo como nunca antes en su vida.
Tenía 52 años, pero su aspecto meticuloso para vestirse y cuidarse la piel le hacia ganar fama con mujeres de quince, veinte y hasta treinta años menor que él.
Eso no importaba ahora, el oro que le robó a su íntimo enemigo, en la cena del viernes pasado sabía que algún costo iba tener.
Ezequiel era igual de malvado como el, pero a Josué le iba mejor con las mujeres, mientras fumaba la última pitada del cigarrillo, pensaba por que le iba tan bien con la guita a su enemigo.
-Esto va terminar en poco tiempo, uno de los dos va morir, dónde mierda estas pendejo, donde está el oro?, pensaba para sus adentros.
Félix al momento de su desaparición tenía veinticinco años, a los diecinueve conocía ya todas las drogas.
A esa edad, le salvó la vida a Josué evitándole un tiroteo en un bar, gestos como esos, fueron decisivos para que lo termine adoptando como a un hijo, y como tal ir educándolo para que sepa como manejarse en el "negocio".
Pero algo salió mal, el viernes pasado, por la noche fue a la casa de Ezequiel, una mansión en las afueras de la ciudad. Cuando todos estaban borrachos mitad por la cantidad y la otra por la droga que le puso al champagne se las ingenió para ir a la habitación contigua a robarse los dos lingotes de oro, los cuales juntos pesaban cerca de un kilo.
Desde su celular llamó a Félix para que pasara a buscarlo como acordaron, pero a último momento se quedó para que nadie sospechara.
Fue el primero en levantarse, se vistió rápido, volvió a su casa en taxy.
Lo primero que hizo al poner un pie en su casa es ir a su oficina; imaginó que los lingotes de oro estarían en el segundo cajón a la izquierda, pero no había nada.
La preocupación fue en aumento, cuando mandó a buscar a Félix y no lo encontraron por ningún lado de la casa, ni siquiera de la ciudad, estaba lejos, muy lejos.
El domingo a las siete de la tarde , Josué recibió la primera amenaza, el lunes la segunda, el jueves el ultimátum.
"Los lingotes o morís", solo esas palabras bastaron para desatar su desesperación.
Decidió el mismo ir a la habitación que estaba dos pisos más arriba.
El canoso y el otro estaban en la puerta, cuando lo vieron enseguida abrieron la puerta, en la silla estaba Manuel, el último que vio a Felíx salir de la casa.
Se llevaban bien, algunos decían que eran como una familia, el joven le decía Tío.
-Seguís cubriendo al pendejo no?
No levantó la cabeza, miraba el velo negro que estaba a poca distancia de sus pies, pero no miraba de frente, solo escuchaba.
La trompada le hizo sangrar la nariz, pero se mantuvo atado a la silla.
De pronto el silencio, se escuchó la primera ráfaga de una ametralladora.
Al menos diez personas habían entrado a la casa, le gritó el canoso a Josué.
Manuel se echó a reír y levantando por primera vez su rostro desde que estaba encerrado lo miró y le dijo:
- Al final de cuentas valió esperar tanto tiempo, te llegó la hora hijo de puta...
La última vocal hizo que la puerta cediera y que entraran tres sicarios fuertemente armados para abrir fuego sobre todos los que estaban ahí.
Murieron todos, la policía encontró un verdadero baño de sangre, y al menos cuatro muertos en el lugar.
Era un viernes de agosto, la tarde se tiñó de gris cuando la primera ambulancia llegó a la vivienda para llevarse el cuerpo de Manuel. Era el último que quedaba en el lugar. Nunca encontraron culpables, tampoco hubo detenidos, el crimen quedó sin resolverse.
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La arena se le metía en los pies, Manuel le decía que soñaba con disfrutar un amanecer en la playa..
Los destellos del sol chocaban con las olas, y eso a los ojos de Felíx era un espectáculo maravilloso.
Sabía que todos habían muerto, Josué, sus hombres y el tipo al que el apreciaba como parte de su familia.
La noche antes de llevarse los lingotes de oro, supo que aquel hombre que salvó de un tiroteo en un bar, era el asesino de su madre.
Gisel murió cuando Josué se habría enterado que tuvo un hijo, pero no era suyo en definitiva.
Manuel la cuidaba de sus garras después de haber estado con el una vez, los dos terminaron enamorándose y tuvieron un hijo.
Para que no lo mataran, lo alejaron, pero no tanto, volvieron a cruzarse nuevamente en el Bar "Tiempo Infinito".
Cuando Manuel lo vio aquella vez entrando a la casa del Jefe tímidamente y lo miró a los ojos, sabía que había llegado su muerte.
Sonrío, ya había vivido demasiado.
No así Félix, con la misma mueca de su Padre pensó en un mundo con posibilidades, en un mundo en paz, en una vida que merece ser vivida...
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