Cien canciones...
Cien canciones
para una sola pena
blanco, negro
gris, violeta
los matices
con las que el verso
tiñe la tarde.
Ya no sabe,
de que disfrazarse el silencio
para que no lo acose la noche.
Igual el pincel,
dibuja una sonrisa
rodeada de nubes de alquitrán.
De fondo,
la postal de todos los días:
la bestia afila sus dientes
al compás del reloj
que mece sus segundos
en las alas del ángel.
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