Las siete de la tarde...
Tu perfume
vino hasta la siesta sagrada
de los lunes,
se metió en el despertador
para hacerlo sonar
antes de la hora señalada.
Tantas ganas de soñar
que tenía
y se vino a meter hasta las venas.
Lo sagrado se volvió diabólico
lo terrenal quemaba
hasta los sueños.
Su voz
empezó a meterse en mis cuerdas
y por un momento
en medio de la pereza,
sentí que hablabas
desde la esquina más oscura
de la habitación.
Cuando recobré la conciencia
la tarde
se echaba a dormir en la calle,
Los autos pasaban
la gente murmuraba;
Eran las siete de la tarde
y tu ausencia
seguía haciendo estragos por los rincones.
vino hasta la siesta sagrada
de los lunes,
se metió en el despertador
para hacerlo sonar
antes de la hora señalada.
Tantas ganas de soñar
que tenía
y se vino a meter hasta las venas.
Lo sagrado se volvió diabólico
lo terrenal quemaba
hasta los sueños.
Su voz
empezó a meterse en mis cuerdas
y por un momento
en medio de la pereza,
sentí que hablabas
desde la esquina más oscura
de la habitación.
Cuando recobré la conciencia
la tarde
se echaba a dormir en la calle,
Los autos pasaban
la gente murmuraba;
Eran las siete de la tarde
y tu ausencia
seguía haciendo estragos por los rincones.
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