La lluvia, la tarde y la pena...
A través de la ventana
la lluvia dibuja una flor,
para luego deshacerse en el vidrio
y morir en el barro
donde una vez,
quedaron nuestros pasos.
Nació la rebeldía
y el alma,
se lanzó a la acera
a recibir
las lágrimas que caían del cielo.
De vez en cuando mordía
el aire
para arrebatarle al universo
un poco de humanidad.
No habitaba nadie a esa hora
era feliz
casi tanto como cuando amaba,
saltaba tan alto como podía
y gritaba tan fuerte
como pudiera:
que no saliera el sol
para seguir viviendo su pena.
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