Historias. El gol que no fue....
Harto de ver como lo puteaban, se alejó de la parte más baja de la tribuna para irse bien lejos de ahí, se recostó sobre el alambrado ,cerca de una feria de trapos con los colores del rival de toda la vida.
Los insultos de los demás no le dolían. Le dolió que lo insultaran, aquellos con los que había compartido tanto; ravioladas, asados, cantinas, todo para que el club fuera para adelante.
Recordó que fue amor a primera vista, entró y nunca más pudo salir.
La gente se alejaba, el se quedó ahí, furioso, enojado, los del club no lo miraron ni lo saludaron.
Hasta que se le pasó tardó una hora.
Perdieron la final 2 a 1, se les escapó el torneo.
Su hijo lo aguardaba en la puerta de la cancha, lo miró como pidiendo disculpas.
Sin hablar, sentía que podía escuchar esas desgarradoras palabras " Perdón por errar el gol Papá"
Los dos caminaron con la cabeza baja hasta el auto, no hablaron, no se dijeron nada.
El tipo de 37 años que nunca jugó al fútbol en ningún equipo, disfrutaba ver como su hijo la descocía en la cancha, era el goleador de su categoría, alto para tener 12 años, pero eso no importaba le bastaba para moverse en todo el frente de ataque y ser letal a la hora de patear al arco.
Nunca pensó en un futuro en el fútbol, quiso que disfrutara el momento, hasta esa tarde, en el que el silencio se cortó con esa frase "Papá, no quiero jugar más..."
-Me parece bien, si es lo que querés, sabes que te apoyo en lo que sea Tomás.
Por un tiempo no se habló del tema. El pibe estaba bien, aunque su padre seguía con la bronca contra aquellos que insultaron al muchacho por errar un gol.
Los mismos con los que sonreía o lloraba por la institución, aquellos que lo llamaban a cualquier hora para reunirse por algún tema, lo bastardearon con la ignorancia esa tarde de julio cuando le pasaron la pelota a Tomás y con el arco solo la tiró por arriba del travesaño.
Lo que nadie dijo, es que la cancha estaba tan mal, que la pelota picó en un pozo y le quedó muy abajo.
Nadie entiende como una sola acción puede justificar semejante delirio, si el deporte es diversión y crecimiento esa tarde perdió las dos cosas...
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