Historias. Caminando...

Caminando, en la humedad de la calle se notaban los recuerdos pegados en cada baldosa.
Voces afónicas y un sinuoso despertar del viento, el agónico compás de los pies mezclados con barro en la neblina de la mañana.
En una esquina, la muñeca que se le perdió a la noche disimula su inocencia detrás de una bocanada de alquitrán.
El taxy nunca llega, y para sus adentros espera que venga el sol, para matar la niebla y emprender el camino a casa.
Sin querer su miedo empezó a formar parte de mi, quise desprenderme pero se escuchaba el sonido de sus tacos cada vez más cerca. La noche moría las luces se apagaban, supongo que algo de mí tenía que morir también.
Sus labios empezaron a rosarme las orejas, de pronto me dio vuelta, y ahí estaba...
Rostro blanco, labios violáceos, el pelo le llegaba a la cintura.
-Quiero quedarme con vos, me dijo.
-No puedo, Qué haces acá, a esta hora.?
-Te espero a vos.
Aguardé en silencio un instante, hasta que lo cortó el sonido de unos coches que iban rumbo al norte. Ella me seguía mirando, no le prestó atención.
-Voy a trabajar no te puedo llevar conmigo, creo que necesitas dormir, te acompaño hasta un remís si querés, a un par de cuadras hay uno.
-Qué parte del vos no me entendés, te estoy esperando a vos. 
Lo decía, mientras con una mano, se bajaba la minifalda.
Y después del segundo silencio, se largó a llorar en mis brazos.
-Me persiguen, me quieren secuestrar, estoy escapando, llevame, a donde sea, vamos a tu casa, dejá el trabajo por hoy. 
Yo no hacía mas que apretarla con fuerzas.
Cuando se paró frente a mí, le costaba sostenerse, lo dijo una vez más.
-Llevame con vos, salgamos de la calle, dale!. Van a venir, me van a llevar y no me van a ver nunca más...
-Quién te quiere llevar?
-Personas, importantes, no te puedo decir más...
El sonido del segundo auto que pasó por la esquina, la hizo estremecer, me miró tiernamente, besó mi frente, y salió corriendo.
Quise agarrarle el brazo, pero cuando alce la vista iba lejos, tomando como ruta el cordón de la calle, de un lado al otro, importándole poco si un auto venía de frente.
Me quedé custodiando su partida con la vista, hasta que se alejó para siempre.
Nunca más supe de ella, la buscaba en los bares, en las discotecas, no la vi.
En la cabeza, para siempre, está el beso en la frente que me dio,el llanto sobre mi pecho y ese olor a wisky mezclado con menta que salía de su boca.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Vas a volar?

A Francia.

Esquirla de un caído!