En medio de la muchedumbre...

De la blasfemia
brotó el desencanto;
parecía una gota de rocío
que se incrusta en la  piel,
 curtida por la sombra.
Fueron demasiados los setiembres
 en los que la primavera
posó su desencanto,
pese a todo 
la flor siguió en pie,
sin pétalos
sin espinas
sin ganas de sonreír.
Fue su boca violácea
no la de todos,
la que hirió 
mi boca de plata;
fue su mano
 no otra,
la que dijo adiós
en medio de la muchedumbre.





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