Una mañana...

Las flores fueron pisoteadas,
el encanto de las estrellas
duerme
en el infinito,
tan inalcanzable
a los ojos de dios
que asusta.
transita el tiempo
en esa escala violácea
que a tu piel le fascina,
y el sol
dibuja en papel
ese arcoiris 
que tanto buscaba.
Una lágrima
después dos
comenzó el concierto
preferido de la mañana,
en el que el acorde
baña de desazón la herida
en la que el alma camina
sin saber 
a donde diablos va.


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