La revolución de la hormiga...
Era una hormiga, un pequeño monstruo de seis patas no tenía nada que perder cuando se paró
frente al rey de la selva, y le dijo: "Tuyo no es el reino"
Su corona de oro se movía en su cabeza,no dejaba de tronar miró al diminuto, y se hecho a reír.
Lejos de asustarse o de echarse a correr lo miró fijamente y a pesar de la risa de todos
le dijo: "devuelve lo que nunca te han dado"
Empezaba a incomodar a la corte, los súbditos ya no reían, ese ser que para muchos no alcanzaba a ser un grano de arena, estaba ahí desafiándolos a todos.
Los blasfemos se acercaban al de la corona de oro, y le decían: "Mátalo", una hormiga no puede desafiar a tu trono.
Frente a todos la hormiga buscaba la revolución, pero nadie la apoyaba, muchos se le rían en la cara, otros se quedaban callado la boca.
Dieron por levantada la sesión, el la misma se hablaba de aumentar los impuestos aquellos lugares más alejados que pertenecían al reino, y forzar con más trabajo a las hormigas, aunque ya no podían más.
La hormiga se alejó cabiz bajo por la calle más angosta, aunque en el fondo iba a seguir pidiendo por la libertad.
Solo, nadie lo apoyaba, las demás hormigas se le reían, su familia lo hecho de su casa; a estas alturas ya ninguno de su tribu sabía de el.
Había escuchado hablar de la libertad, en la última hoja que dejaba el eucalíptus en el otoño, se enamoró de la idea, tanto que lo terminó volviendo loco.
Su vida se terminaría en ese lugar, eran tres, uno le clavó un puñal los otros dos tiraron su cuerpo al mar. En su agonía se le escuchó decir "He muerto por la libertad".
La noticia causó conmoción, nunca el Rey, había mandado a matar a nadie, todos se asustaron.
Empezaron a reunirse por clanes, cada uno por separado," Si le pasó a la hormiga nos puede pasar a todos".
Alguien por lo bajo, en ese segundo antes del silencio profundo dijo: " Deberíamos haberlo comprendido, cuando hablaba de la libertad"
En la corte, se sabía que iba a pasar algo, la noticia corría como el agua en todo el reino. El rey perdía adeptos, de a poco se iba quedando solo en la corte.
La noche antes del final, se sentó en su trono de oro, y no había nadie más que su sombra, ni su mujer, ni sus hijos, ni su corte, tampoco su bufón.
Se sintió solo, sin poder, por primera vez pensó que iba a morir.
Se durmió, sentado en el lugar del que nunca quiso desprenderse En el sueño pensó en lo que fue, y no se arrepintió para nada, lo dominó el odio, quiso empuñar su espalda, pero no le quedaban fuerzas.
Cayó rendido donde había estado siempre, donde pasaba la mayor parte de su tiempo.
Cuando despertó, vio a través de la ventana que todos en el reino querían matarlo, querían colgar su cabeza en el centro de la selva.
Las hormigas, y todos en el reino venían por el.
Escuchó como las puertas cedían, "Lo hecho, hecho está", pensó, tiró su espalda lejos y se quedó a esperar la muerte.
Rompieron la puerta, y destrozaron todo lo que había a su paso, LIBERTAD, LIBERTAD, gritaban todos hasta el cansancio, llegaron a la habitación principal, y ahí estaba.
Sentado con su puño sosteniendo su vergüenza, lo despojaron de sus ropas, lo llevaron hacia las afueras del castillo.
Todos los que le clamaron hoy lo golpeaban, le tiraban con las frutas podridas que él mismo les daba.
La crónica dice que el rey de la selva, murió justo cuando el atardecer empezaba a despedirse.
Su cuerpo quedó varios días hasta que fue devorado por los cuervos, su cabeza yace hoy en día en los pies de la estatua que le hicieron a la hormiga, aquellos que al principio no le creyeron.
Desde esa noche, algunos suelen mirar al cielo, y cuando se acuerdan de este hecho, susurran la palabra LIBERTAD, y esa estrella que no brillaba nunca, a partir de esa noche brilla cada vez más...
frente al rey de la selva, y le dijo: "Tuyo no es el reino"
Su corona de oro se movía en su cabeza,no dejaba de tronar miró al diminuto, y se hecho a reír.
Lejos de asustarse o de echarse a correr lo miró fijamente y a pesar de la risa de todos
le dijo: "devuelve lo que nunca te han dado"
Empezaba a incomodar a la corte, los súbditos ya no reían, ese ser que para muchos no alcanzaba a ser un grano de arena, estaba ahí desafiándolos a todos.
Los blasfemos se acercaban al de la corona de oro, y le decían: "Mátalo", una hormiga no puede desafiar a tu trono.
Frente a todos la hormiga buscaba la revolución, pero nadie la apoyaba, muchos se le rían en la cara, otros se quedaban callado la boca.
Dieron por levantada la sesión, el la misma se hablaba de aumentar los impuestos aquellos lugares más alejados que pertenecían al reino, y forzar con más trabajo a las hormigas, aunque ya no podían más.
La hormiga se alejó cabiz bajo por la calle más angosta, aunque en el fondo iba a seguir pidiendo por la libertad.
Solo, nadie lo apoyaba, las demás hormigas se le reían, su familia lo hecho de su casa; a estas alturas ya ninguno de su tribu sabía de el.
Había escuchado hablar de la libertad, en la última hoja que dejaba el eucalíptus en el otoño, se enamoró de la idea, tanto que lo terminó volviendo loco.
Su vida se terminaría en ese lugar, eran tres, uno le clavó un puñal los otros dos tiraron su cuerpo al mar. En su agonía se le escuchó decir "He muerto por la libertad".
La noticia causó conmoción, nunca el Rey, había mandado a matar a nadie, todos se asustaron.
Empezaron a reunirse por clanes, cada uno por separado," Si le pasó a la hormiga nos puede pasar a todos".
Alguien por lo bajo, en ese segundo antes del silencio profundo dijo: " Deberíamos haberlo comprendido, cuando hablaba de la libertad"
En la corte, se sabía que iba a pasar algo, la noticia corría como el agua en todo el reino. El rey perdía adeptos, de a poco se iba quedando solo en la corte.
La noche antes del final, se sentó en su trono de oro, y no había nadie más que su sombra, ni su mujer, ni sus hijos, ni su corte, tampoco su bufón.
Se sintió solo, sin poder, por primera vez pensó que iba a morir.
Se durmió, sentado en el lugar del que nunca quiso desprenderse En el sueño pensó en lo que fue, y no se arrepintió para nada, lo dominó el odio, quiso empuñar su espalda, pero no le quedaban fuerzas.
Cayó rendido donde había estado siempre, donde pasaba la mayor parte de su tiempo.
Cuando despertó, vio a través de la ventana que todos en el reino querían matarlo, querían colgar su cabeza en el centro de la selva.
Las hormigas, y todos en el reino venían por el.
Escuchó como las puertas cedían, "Lo hecho, hecho está", pensó, tiró su espalda lejos y se quedó a esperar la muerte.
Rompieron la puerta, y destrozaron todo lo que había a su paso, LIBERTAD, LIBERTAD, gritaban todos hasta el cansancio, llegaron a la habitación principal, y ahí estaba.
Sentado con su puño sosteniendo su vergüenza, lo despojaron de sus ropas, lo llevaron hacia las afueras del castillo.
Todos los que le clamaron hoy lo golpeaban, le tiraban con las frutas podridas que él mismo les daba.
La crónica dice que el rey de la selva, murió justo cuando el atardecer empezaba a despedirse.
Su cuerpo quedó varios días hasta que fue devorado por los cuervos, su cabeza yace hoy en día en los pies de la estatua que le hicieron a la hormiga, aquellos que al principio no le creyeron.
Desde esa noche, algunos suelen mirar al cielo, y cuando se acuerdan de este hecho, susurran la palabra LIBERTAD, y esa estrella que no brillaba nunca, a partir de esa noche brilla cada vez más...
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