La muerte de la luna...

A través de la ventana
observa,
como la luna
se desangra.
Cada gota
dibuja el rostro,
de un hombre
en lenta agonía.
La ciudad no duerme, 
disimula su zoncera
cerrando los párpados.
No escucha el lamento,
no siente los latidos
ni toma sus manos
para estrujarla con las suyas.
Ese corazón
tiene ganas de latir
pero no es lo suficientemente fuerte.
Pasa las horas
arrastrándose por el  suelo, 
sin consuelo
se resigna, 
sabe que lo espera 
el fulminante amanecer;
después solo será un recuerdo...


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