La ciudad y el paraíso.

En una esquina
apuñalan la memoria
a media cuadra,
se escucha
un balbuceo,
 lo  llaman historia.

Por la cerradura
todos espían
como la rebeldía pasa,
buscando adeptos,
la ciudad está en silencio.

El pájaro
que se extravió de su jaula
yace en la acera,
el viento trajo los miedos
el miedo trajo la lluvia.

Parece que dios
eligió un pincel gris para la tarde, 
la ciudad está en caos constante
la conciencia no vuelve atrás.

Una silueta
baila en la plaza del barrio
vestida de rojo, 
con labios violáceos
mezcla
la bronca y el deseo.
Todas son postales de la ciudad
que tanto parecido 
tiene al paraíso interno.






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