La Bestia...

La soledad
lame las heridas
de la bestia,
en ese latido
que aplaude la tarde.
Los restos 
de lo que una vez fue el hombre,
yacen en las espinas
de la rosa,
en la puerta del  edén.
No da,
 sino lástima,
 sus súplicas
por una gota de redención.
Intenta ponerse de pie
pero se derrumba,
Rojas tiene sus manos la muerte, 
negras tiene sus pupilas el sol.
Será una tarde más para el mundo, 
un segundo más para la vida, 
será un partícula de instante
en la vida de alguien.
La bestia
seguirá herida por siempre, 
lanzando muecas al aire
buscando el beneplácito del atardecer.

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