Las Heridas no mueren al amanecer...

Tenía ganas de escribir
golpee la pluma 
contra el papel, 
pero seguía sin mover un pelo.
Entonces pensé 
y salí a caminar por el parque, 
las hojas dormían
su siesta, 
mientras caían al suelo
adornando el barro
después de la lluvia.
Tres leguas más 
hacia la locura
y hubiese creído
que me señalaban el camino a casa.
Me sumergí en la ciudad 
busqué algún rostro,
nada era familiar
ni misterioso.
Parece que dios decidió 
darle a todos los rostros la misma forma.
Quise desperezar la tarde, 
dibujando versos 
en los lugares donde no está el sol.
Entré a un bar
pedí un café, 
el primer sorbo
me llevó a neptuno
el segundo me paseó 
por la Antártida.
Nada tuvo sentido;
era una tarde
cualquiera, 
pasaban ocho de  las cuatro
cuando el sol empezaba a bostezar.
Miré al norte
bajé la vista,
 Caminé
mil pasos
la tarde le dio su renuncia a la noche 
con un beso.
Madrugada
el corazón
duerme al borde de la cama,
busco razones
pero no aparecen, 
es mentira que las heridas 
mueren al amanecer.





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