Amo a la locura...


No se puede ser indiferente a la locura, 
hay que abrazarla, 
besarla,
hacerle el amor, 
llevarle el desayuno a la cama
para que siempre nos de una sonrisa.
O una mueca da igual, 
no puede desaparecer 
la normalidad apesta
sobre todo en aquellos
que la profesan.
Quiero a la locura en mis venas, 
para que navegue libremente
y encienda el cuerpo
cuando este ya no pueda estar de pie.
La necesito
como el analgésico para un dolor de cabeza.
A veces, 
viene como un susurro
me besa y se va.
Otras tantas, 
se viste de negro
para bailar en el centro de la tarde.

Amo la locura por que la verticalidad de los sabios apesta.

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