Sin fe.

La tarde reposa en su ausencia, 
las nubes ocultan el temor
del griterío infernal,
 nadie lo puede tapar.
Tus pasos
pueden ir hasta el infinito, 
pero el eco jamás volverá.

El recuerdo es tan débil 
que el otoño 
no puede calzarse su traje
para bailar en la hoja más amarillenta, 
nace, vuela
y muere en la madera más aneja.

Puede ser un jueves 
que toca la puerta, 
o tal vez la misma ausencia
pasea gratis mi memoria 
los siete días de la semana, 
sin cobrar
si al final, 
termina ganando.

Yo lo di todo, 
sin embargo
la tarde sigue su curso, 
sin alma, 
sin tiempo
sin fe.

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